Cuerpo, época y transexualismo, por Paula Husni

cuerpo-epoca-y-transexualismo
Paula Husni
Psicoanalista – Miembro de la EOL y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis) – Coordinadora del equipo de atención en el Bachillerato Trans ¨Mocha Celis –
Ha sido coordinadora del Equipo de Diversidad del Centro 1 y del Equipo de Adolescentes Supervisora de concurrentes y residentes del Centro 1 y del Hospital Pirovano –
Docente del área de casuística del posgrado del Centro 1 y del Icdeba.

“Gozar es gozar de un cuerpo.
Gozar es abrazarlo, abarcarlo, es hacerlo pedazos.!
J. Lacan, Seminario 19
… Ou Pire, P 31

 

 

1- Cuerpos – Marcas

En aquel ingenioso prólogo de 1951, Ray Bradbury nos presenta a un hombre errante y abrumado por su existencia: el hombre ilustrado. Un cuerpo plagado de imágenes, ilustraciones, historias mínimas escondidas en cada pliegue de su piel, en cada rincón de su cuerpo. Imágenes que construyen historias y cobran vida por las noches. Quiere destruirlas, quitárselas de encima; ha probado con lijas, ácidos, incluso un cuchillo. Imposible. Esas ilustraciones son parte de su cuerpo vivo y viven en él. ¨Todo está aquí en mi piel, no hay más que mirar.¨, refiere.

Marcas que una a una cobran vida, conformando cada cual una historia única, singular e irrepetible. Marcas que habitan un cuerpo y un cuerpo que es habitado por esas marcas. A tal punto que cobran vida propia más allá del cuerpo que habitan. A tal punto que resultan parasitarias aún para el sujeto que habita ese cuerpo. Lo más íntimo toma vida propia y se vuelve extranjero. Juntura paradójica que Freud situó como lo Unheimlich; lo más familiar que se torna extraño. La extimidad propia de la presencia del goce en el cuerpo.

Lacan se refiere de un modo muy preciso, en su conferencia sobre el síntoma en Ginebra, a ese cuerpo que toma vida propia con Juanito y su wiwimacher, cuando establece que para Juanito el encuentro con su propia erección es de lo más hetero que hay.1

Irrupción de goce con la cual el sujeto tendrá que arreglárselas. Eso es lo parasitario del goce.

Encrucijada que abre una pregunta crucial para el psicoanálisis: cómo se las arregla un sujeto con las marcas de goce que resuenan en el cuerpo y lo habitan?
Cómo se construye un cuerpo a partir de esas marcas de goce? Cómo puede pensarse desde el psicoanálisis la identidad de un cuerpo, partiendo de la premisa de que el sujeto – por definición-, no permite la identidad consigo mismo? Ese quiebre del sujeto, de la imposibilidad de definirse como un ser es lo que posibilitará tener un cuerpo. El hombre tiene un cuerpo, nos enseña Lacan con Joyce. Tiene un cuerpo que sin embargo no le pertenece del todo, tiene un cuerpo soportado en esa no identidad consigo mismo.

El sujeto, sujeto al lenguaje, presenta un cuerpo quebrado y delineado según la articulación significante que lo ha determinado.
Si es el lenguaje lo que resulta mortificante para el sujeto, el goce propicia – con lo disruptivo de su presentación – una función vital. Goce en el cuerpo que da cuenta de que se está vivo, remarca Lacan en Ancore.

Es hacia el final de Lituraterre que Lacan habla del Bunraku, teatro japonés donde, por un lado aparecen las marionetas maniobradas por hombres visibles, los cuerpos agitados; y por otro, se encuentran los recitadores; la voz, la vocalización del texto, la exclamación, en otro lugar del escenario.
No es esta acaso la máxima expresión de la disyunción estructural entre el cuerpo y el sujeto que habla? Qué operatorias encontrará el sujeto para arreglárselas con esta disyunción? Con este delay en el cuerpo?

Un cuerpo que se porta, con lo que hay que lidiar, maniobrar, arreglárselas. Esos rayos que redistribuyen cuerpo y carne, como sitúa Lacan en Televisión, dejan sus restos. Y eso retorna. Y es con eso con lo que hay que arreglárselas. Y no deja de retornar. No cesa de no escribirse.

2 – Perversación generalizada

Qué sucede en la época con esos cuerpos de goce?
J. A. Miller advierte en su texto ¨Una fantasía¨2, que se trata de una época del empuje al goce en tanto se vislumbra un ascenso al cenit del objeto a, objeto que se impone a un sujeto sin brújula.
Es la declinación del Nombre del Padre como ordenador lo que propiciaría tal torsión.

La época de la inexistencia del Otro promulga la predominancia de las comunidades de goce y alienta la ilusión de una elección voluntaria de sexo. 3

El goce más propio de cada quien, se muestra como un menú a la carta y lo más singular se vuelve público. La intimidad se confunde permanentemente en una exterioridad sin velos propicia a normativizarse y legislarse.

Cuando los goces singulares se normativizan y se legislan (todos los goces con todos los derechos, se podría parodiar) se produce indefectiblemente una tendencia a borrar diferencias y particularidades. El para todos de la ley presenta estructuralmente este reverso. Y cuando de posiciones sexuadas se trata, las consecuencias subjetivas son enormes.

¨Hay dos funciones que no pueden ser el objeto de una democratización – sanciona Philippe Sollers – Dios y el sexo¨4.

Es en esa misma entrevista donde Philippe Sollers conversa sobre su libro La guerra del gusto en el que habla de una época de ¨perversión generalizada¨. Y presta un neologismo propio para precisar un poco más ese concepto, lo rectifica, lo renombra: ¨perversación generalizada¨; condensación entre perversión y malversación. ¨Para hablar en términos clásicos – aclara- , es decir marxistas, el valor de intercambio sigue su camino fuera de toda referencia al valor de empleo.¨5
Es decir que el predominio del intercambio de lo más propio de cada quien (goce), en tanto concierne a la perversión singular, pierde la referencia al empleo. Y el empleo de la pere-versión, en términos de lo que Lacan establece en RSI, el ¨buen uso¨ de la pere-versión, no es otro que el síntoma.

Cómo agujerear entonces ese todo para todos que parece sostener el imaginario social de la época? Cómo pensar el síntoma como función necesaria en el malestar de la cultura, la particularidad del sujeto y la singularidad del discurso vez por vez?

3 – Transexualismo como síntoma de una época

En su libro Ensexo. Ensayo sobre el Transexualismo, Catherine Millot define al transexual como ¨una persona que solicita la modificación de su cuerpo a fin de conformarlo a las apariencias del sexo opuesto, invocando la convicción de que su verdadera identidad sexual es contraria a su sexo biológico.¨
Y agrega: ¨El transexualismo es actualmente la conjunción de una convicción que no debe nada a nadie y una demanda que se dirige al otro. Tal demanda es nueva, ya que supone una oferta que la suscita, la que hace la ciencia, pues sin cirujano ni endocrinólogo no hay transexual.¨6

Hacer de la convicción una posibilidad de operatoria sobre lo real del cuerpo sólo es posible efectivamente de la mano de la ciencia, en tanto se sostenga en una ley que haga de las teorías de género un fundamento que defina la identidad.

Si las teorías de género sostienen que la identificación sexuada es producto de una construcción social, el atolladero con el que nos encontramos es que esto deja por fuera la noción de inconsciente que da sustento al psicoanálisis mismo. Genevieve Morel, psicoanalista francesa, no duda en establecer al género como ¨un sistema de identificaciones imaginarias y significantes que debe diferenciarse de la sexuación.¨7

¿Cómo pensar entonces, desde el psicoanálisis, al transexualismo en una época que parece estar signada por hacer de la referencia al orden simbólico una banalización extemporánea?
El empuje a La mujer que hacía del delirio una certeza hoy encuentra de la mano de la igualdad de derechos y del discurso de género una reducción a una cuestión de formas.

Si es desde el orden simbólico que puede decirse que algo falla, en lo real no falta ni sobra nada. Es en esa ruptura que el transexualismo se instala en la época, tal como lo plantea C. Millot en el mismo texto, como un síntoma de la civilización. Solución fallida – como todo síntoma – que expone un cuerpo maleable – gentileza de la ciencia – dispuesto a transformarse infinitamente en pos de terminar de una vez y para siempre con lo disruptivo del goce.

En muchos casos de transexualismo, esa irrupción de goce en el cuerpo retorna como un imposible de soportar. La pregunta, para orientar la dirección de la cura, y retomando el desarrollo anterior, es si hay efectivamente Una solución para lo insoportable del goce.

El lugar de la operación no se sitúa muchas veces en referencia al otro; ni para experimentar el goce sexual ni para convertirse en una mujer que un hombre pueda llegar a desear8 . Se trataría de ¨metamorfosearse en La mujer, es decir, en un ser fuera de sexo. Por ello su libido es pobre a diferencia del perverso.¨9, refiere Antoni Vicens.

Entiendo esta pobreza de libido como la cuestión central. Considero que se trata del retorno implacable del no-todo propio de la existencia10, falla que retorna muchas vecessin el órgano que localizaba el goce. Se trata de lo que Lacan denomina en su Seminario Ou pire…, la pequeña diferencia:

¨Para acceder al otro sexo hace falta pagar el precio de la pequeña diferencia, que pasa engañosamente a lo real a través del órgano, debido a lo cual deja de ser tomado como tal y, al mismo tiempo, revela lo que significa ser órgano; que sólo es instrumento por mediación de lo que todo instrumento se funda, que es un significante. El transexual no lo quiere en calidad de significante. En eso padece un error, que es el error común. Su pasión es la locura de querer liberarse de ese error. (…)Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es pasaje a lo real.¨ Lacan, Jacques – Seminario 19, Ou Pire – Clase del 8/12.

La pregunta que nos interpela es cómo establecer una práctica frente a una subjetividad que cree posible erradicar la falla de la existencia borrando con ello lo hetero del goce en una época en que el empuje al todo produce cierta declinación respecto a la singularidad del goce de cada quien.

Se tratará, tal vez, de estar advertidos del ¨error común¨, que la falla en lo simbólico no se resuelve por el pasaje a lo real. Para poder sostener, en todo caso, una práctica que se oriente por la ética del síntoma – tanto social como singular – que sin ir a contrapelo de la época pueda acompañar sus movimientos sin perder los ejes fundamentales de una práctica que no es sin la presencia de lo real del cuerpo y tiene efectos sobre el mismo.


1 Lacan, J., Conferencia en Ginebra sobre el Síntoma, en Intervenciones y Textos 2, Editorial Manantial, P 128.
2 Miller, J. A., Revista Lacaniana Nº 3 –
3 Revista Colofón de Psicoanálisis, p 51-
4 Sollers, Philippe, ¿Dónde está el sexo?, en Registros, Tomo Dorado, Sexos, Colección Diálogos, 2008.
5 Ibidem
6 Millot, Catherine, Ensexo. Ensayo sobre el transexualismo, Catalogos Editora, p14.
7Morel, Genevieve, Ambiguedades Sexuales, p 185
8 Vicens, Antoni, Revista Colofón nº 22, P 39
9 Ibid
10 ¨Siguiendo la enseñanza de Jacques-Alain Miller en su Curso de 2011, El Ser y el Uno, ese no-todo se sitúa del lado
de la existencia, y no del ser. Que el ser hablante sea no-todo es lo que lo hace existente. Que exista es una cuestión de hecho, separada absolutamente de la ilusión transcendental de una identidad del ser.¨
Vicens, Antoni – El Futuro de la Escuela se escribe en femenino –


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: