Del amor al padre al amor propio en la dirección de la cura, por Natalia Antelo

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Natalia Antelo.
Psicoanalista.
Equipo Niños Tarde
Programa de Investigación en Psicoanálisis de Consultorios Externos.

La música empieza donde se acaba el lenguaje.
E.T.A. Hoffmann

Este escrito tiene por objeto pensar los modos de intervención y los efectos según desde que altura de la enseñanza de Lacan se oriente una cura. Para esto tomaremos las intervenciones en un tratamiento de un joven que se viene desarrollando en el equipo de niños de este Centro.

Al momento de la consulta Juan tiene 12 años, es derivado por la Escuela debido a su ausentismo, que preocupa a la institución. En el primer encuentro refiere que viene porque dejo el colegio, que un compañero lo molestaba, le decía: “no te quiero, no servís. Como si yo no existiera para él, todos se distanciaron. Me despertaba nervioso porque sabía que me iba a molestar”

En el inicio del tratamiento y en el marco del desarrollo de los juegos dirá: “no soy tramposo pero puedo hacer trampa, a mi me gustan las cosas difíciles, son más divertidas, no me gustan las cosas fáciles, no me dejes ganar”. Plateamos la pregunta sobre este pedido, ¿cómo pedido del sujeto en vías a tratar algo del goce en juego de su síntoma que se manifiesta en lo escolar?

Los padres de Juan están separados desde que tiene un año, su padre lo visita con regularidad. La madre del joven refiere no poder “obligarlo a ir a la escuela” “yo también lo viví, me pateaban la silla, se burlaban de mí, es difícil de tolerar”. De la relación con el papá de Juan dirá que la “basureaba, burlándose, no me valoraba como persona”.

Juan termino la escuela primaria durante el inicio del tratamiento con evaluaciones domiciliarias e inició el primer año de la escuela secundaria donde a los meses de comenzar surge un hecho que convoca a la madre a solicitar una entrevista en la que dirá que su hijo está siendo nuevamente víctima del acoso de compañeros de curso, Juan no refiere nada de esto en sesión.

En el texto “Historias de amor, aventuras del deseo, experiencias de goce”1, la autora se pregunta por la relación entre el amor, el deseo y el goce con la ficción y con la no-relación. Planteados “puertas de entradas” en el psicoanálisis lacaniano, dos vías de abordaje: “el significante, es decir, la primacía de lo simbólico, y el goce, o sea, la orientación a lo real”. En el primer caso, se trata del lenguaje y la palabra, se corresponde con la primera enseñanza de Lacan, el lazo al Otro se configura de una particular manera. Hay lazo al Otro, hay relación entre significante y goce, y lo real se presenta como lo que vuelve siempre al mismo lugar.

Es desde esta primer “puerta de entrada” que podemos leer esta etapa del tratamiento. Se decide citar al padre intentado ver qué efecto introduce su presencia efectiva, quizás ubicando cierta
legalidad, como corte al capricho materno, haciendo uso del derecho del niño a estar escolarizado. Su padre se presenta, minimiza lo que sucede y relata que con la madre han tomado la decisión de que repita primer año pero cambiándose de colegio. Los padres no parecen inquietarse por lo que al niño le sucede en la escuela.

Al tiempo Juan abandona nuevamente la escolaridad. Se le pregunta qué piensa en relación al cambio de escuela que refiriera su padre. Tras dar algunos rodeos dirá: “mejor que se ocupe mi mamá que sabe mejor todo.” Dirá también: “a mi mamá no le gusta como son mis compañeros” o “mi mamá decidió que no vaya mas” (a la escuela).

En el texto mencionado decíamos que hay otra “puerta de entrada” que es por la vía del goce, el lazo al Otro se ve conmovido, se perturba la relación significante-significado, hay disyunción entre el significante y el goce, Eso toca a una de las preocupaciones fundamentales: ¿cómo operar sobre lo real desde lo simbólico?

Ante reiteradas ausencias durante los primeros tiempos del tratamiento Juan explicaba que no lo habían podido traer, ante lo que se interviene preguntando si cabía la posibilidad de venir solo, desde ahí comienza a venir solo y deja de ausentarse.

A partir de aquí se puede pensar otra etapa del tratamiento. Juan trae un sueño: “estaba atrapado en una escalera por un cocodrilo que me venía a comer, quería bajar pero estaba todo inundado…a su lado ve un esqueleto” No asocia. Como en general. Sus dichos son del orden de:
Es eso. ¿Podría pensarse al niño y la madre “encerrados”, al niño durmiendo el sueño de la madre, una adherencia que hace preguntarse a la analista como queda este niño colocado respecto del fantasma materno?

En esta perspectiva nos preguntamos ¿fue la presencia efectiva del padre en el tratamiento o la intervención de venir solo lo que da como efecto el sueño, pensado como intento de escritura de un real, una ficción a la cual creerle? Pensamos en el uso de ficciones al servicio de ser una defensa frente a lo real o de un saber-hacer con lo real. El trabajo con el sueño no es de desciframiento sino de escritura. No hay despliegue del inconsciente sino de invenciones.

Al tiempo y ya en la nueva escuela será el joven quien traerá conflictos que se susciten con sus compañeros y en la posibilidad de armar lazos. Parece escuchar en estos la injuria, y quedar en una encerrona que no puede resolver más que retirándose, recortándose el mismo de la escena intolerable. Se puede ubicar que el Otro que puede pensarse en la transferencia presenta cierta “docilidad” que permite se vayan desplegando historias/invenciones.

En el ya mencionado texto, Blanca Sánchez propone que la pregunta sobre aquello que enlaza amor y goce, y dirá que para ello eso ha de haber una pérdida de goce. A partir del seminario Aun, (…) “la pérdida de goce es ubicada por la incidencia del lenguaje sobre el cuerpo. Y como no se habla de castración, se habla de la no-relación sexual. El amor, entonces, encarna la relación con el Otro más “sonriente” mediada por el discurso, ya no es el Otro amenazante del complejo de castración.”

Juan no ha podido decir más acerca de lo acontecido en la escuela, refirió los hechos acontecidos con sus compañeros de colegio y que él se sentía mal con eso, pero nada pudo ser dialectizado a partir de esto, como tampoco fue posible acotar algo de este real que parece venírsele encima sin que pueda más que huir. A raíz de una contingencia surge la noticia: nuevamente ha abandonado la escuela, 3 meses atrás. Tanto estos compañeros como la escuela misma quedan en el lugar del Otro amenazador. Podemos ubicar que el sujeto queda perplejo ante el Otro intrusivo.

Juan aun no ha dicho demasiado en relación a estas cuestiones que transcurrieron en la escuela o con sus compañeros. Ante la eventual pregunta de la analista en el pasado ¿qué tal anda todo en la escuela?, el responde, -“Bien”. Incluso llega a relatar alguna anécdota acontecida concompañeros. Hace trampa, engaña al Otro. Cuenta engañando. Podría pensarse como una historia que hace existir la relación sexual, si es dada como respuesta a una demanda de “ir a la escuela”, que el sujeto podría haber escuchado de la analista.

En relación a la demanda y pensando con Lacan que toda demanda es demanda de amor, diremos que en el goce es experiencia y en el amor se trata de historias. Del amor, solo se pueden contar historias. El amor se construye como una historia. Ahora estas historias pueden hacer existir la relación sexual cuando el amor toma su dimensión imaginaria, o pueden alojar en ellas ese desencuentro fundamental.

La música cobra un lugar privilegiado en el tratamiento y en la transferencia. A lo largo del tratamiento se le ha ido dando otro lugar a la música pensando en el lugar que ocupa en las preferencias de Juan. Estudia piano desde los 7 años, a partir de que un tío materno le regala un teclado y observa que tiene facilidad para este instrumento, a partir de allí su familia decide mandarlo a un profesor, con el que continua hasta la actualidad. Su discurso se vivifica cuando habla de música. En su mayor parte elige música clásica e intercambia material recomendado con la analista, hasta la actualidad, incluso en una oportunidad toco al piano durante algunas sesiones una pieza clásica. Actualmente manifiesta querer rendir el examen de ingreso a fin de año para ingresar en el conservatorio nacional.

En el texto “Escabel”, Patricio Alvarez ubica que hacia la última enseñanza de Lacan surge una relación al cuerpo que Miller llama Un-cuerpo (“El Ultimísimo Lacan”), un tipo especial de narcisismo, que no es el del yo y sus semejantes, sino el de la adoración del propio cuerpo. Para ese narcisismo, toma el término del que se sirve Lacan, que es el ego. Lacan subraya que el ego se establece a partir de la relación con Un-cuerpo. No hay ahí identificación, hay pertenencia, propiedad. Tiene que ver con el amor, pero no el amor al padre sino el amor propio, en el sentido del amor del Un-cuerpo. No es narcisismo especular. Es el amor propio del parlêtre. “El escabel se construye sobre ese ego del amor propio. El escabel es primero, es el narcisismo del amor propio, y anterior a la producción del yo. Así como el inconsciente se monta sobre el parlêtre, el yo especular se monta sobre el ego. Y el vínculo para producirlo es el escabel. ¿Es lo mismo el ego que el escabel? El ego es el amor propio, y el escabel es el trabajo de construcción, el lazo que ese amor propio forja por sublimación.”

Pensamos al padre, como transmisor… de una elección, un equipo de futbol (del que ambos son hinchas y espectadores), un tipo de música, y el gusto por el cine al que suelen ir con frecuencia, a pesar de la queja materna, parece que algo ha podido transmitirse. Invenciones tomadas del padre con las que presentarse al mundo. ¿Puede pensarse la función del analista en la ¿psicosis? como compañero de invención para montarse a un escabel y enfrentar el mundo?


1 Blanca Sánchez , “Historias de amor, aventuras del deseo, experiencias de goce” http://revistaenlaces.com.ar/archivos/seminarios/Historias_de_amor_aventuras_del_deseo_experiencias_de_goce.pdf


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