Palabras de Amor, por Ivana Bristiel

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Ivana Bristiel
Psicoanalista. Equipo Adultos Mañana.
Programa de Investigación en Psicoanálisis de Consultorios Externos.

“De la pareja, el amor sólo puede realizar lo que llamé, usando cierta poesía, para que me entendieran, valentía ante el fatal destino” (Lacan, 2006, p.174), fatal destino del desencuentro.

El amor da cuenta de la imposibilidad de hacer de dos, uno. Es lo que se instala en dicho imposible como suplencia abriendo el espacio del más allá de lo que es, el de la “otra satisfacción” (goce). Amor hecho de palabras que transportan goce. Al hablar se goza, lo sabemos bien por la experiencia analítica. Nos dice Miller “Se debe escuchar detrás de este término amor el lieb freudiano, es decir, amor, deseo y goce en una sola palabra” (Miller, 2008, p. 315)
Claro que las “formas” de amor de uno u otro lado de las fórmulas de la sexuación no son equivalentes, no será la misma relación al goce ni al Otro del lado femenino y masculino.
Del lado macho el amor está dirigido a un objeto que se liga al goce autoerótico, objeto que prescinde de las palabras y que responde a la “erótica del silencio” (Miller, 2008, p. 316). Pero entonces, ¿para qué hablaría el macho?
Es que del otro lado eso se le demanda. Se esperan del parteneire palabras de amor que pongan en juego su falta. En tanto el amor “es dar lo que no se tiene a quien no lo es” (Lacan, sem 8, p. 145) el Otro se constituye en “Otro del deseo” y hace lugar al parteneire para que éste se ubique como semblante del objeto causa.También en el Otro irá a buscar el significante que la nombre, sabemos que el “la de la mujer, a partir del momento que se anuncia con un no-todo, no puede escribirse” (Lacan, 1972-1973, Pág.98). Dirigirá la demanda por su ser al Otro que es inconsistente por estructura y que sólo podrá responder con un suplemento. Así por medio del suplemento del amor y con un goce que la particularice – “una por una” – podrá hacerse un ser diverso al del tener.
Pero el amor, por ser suplemento, será siempre insuficiente. Se instaura así un circuito que puede no tener basta. Es la demanda erotómana ligada al sin límite que puede dar lugar a la otra cara del amor, en su faz de goce ilimitado, el estrago.
Dice Lacan “El amor son dos medio decires que no se recubren, lo que no solo es irremediable sino en lo que no se puede mediar” (15 de Enero del 74, en Los nombres del padre), el amor es malentendido y sin embargo se “alma”1(Lacan, sem 20, p.102), porque al almar se goza, porque como nos lo enseña Miller, “los parlêtres como seres sexuados, forman pareja a nivel del goce y éste enlace es siempre sintomático” (Miller, 2008, p. 410).
Viñeta:
Un hombre y una mujer, un “amor de emigrado”. El exilio y la nostalgia. La prohibición de escribir sobre amor, la necesidad de escribir sobre la tierra propia. Una novela epistolar que no se atreve a serlo del todo. Una autobiografía inventada con mentiras que dicen la verdad. Así se compone éste libro que muestra el intento del autor “de alejarse del marco de la novela corriente” (S, 2010, p. 126). Y lo logra. Viktor Shklovsky es uno de los creadores del Formalismo Ruso2 Nos cuenta el autor en su segundo prefacio: “Este es el plan del libro. Un hombre escribe cartas a una mujer. Ella le prohíbe escribir de amor. Él se resigna, y empieza a hablarle de literatura rusa. Para él, es el único modo que tiene de cortejarla. Pero hete aquí que (entre bambalinas) aparecen sus rivales (…) Las cartas empiezan a volverse amarillas de rabia. Un hombre que se comporta a la rusa en Europa es tan absurdo como un perrito de lana en los trópicos. La mujer materializa el error. El error se materializa. La mujer asesta un golpe. El dolor es real”(S, 2010, p. 12) –
El encuentro amoroso, como todo encuentro está ligado a la contingencia… (Lacan, seminario 21).
Viktor Shklovsky, durante su exilio a Alemania (Berlín) conoce a Elsa Triolet, una escritora Francesa de origen Ruso. A ella le dedica “Zoo o cartas de no amor”. Alia es el nombre que le da a Elsa en la novela. Berlín y Alia, dos nombres propios que representan el exilio.
El Zoo y las cartas de no amor, dos modos de abordar esa extrañeza, de asir algo de esa ciudad y esa mujer escurridizos. “En Berlín, como todo el mundo sabe, los rusos viven cerca del Zoo (…) pasean y circulan en torno a Gedachtniskirrche, igual que las moscas vuelan alrededor de una araña de luces” (S, 2010, p. 103) Y eso no es algo bueno, nos aclara el autor, es sólo algo que puede decirse de esa ciudad difícil de describir.
Un escritor que no encuentra las palabras para apropiarse del nuevo mundo, entonces… allí la inventa a ella: “En el extranjero necesitaba hundirme y encontré un amor que me lo permitiera. Y sin siquiera mirar a la mujer, inmediatamente supuse que no me amaba. No quiero decir que, de no ser así me habría amado. Pero lo cierto es que todo estaba decidido de antemano” (S, 2010, p. 112). “Alia es la realización de la metáfora. He inventado la mujer y el amor para mi libro, que trata de incomprensión, de la gente ajena, de la tierra ajena”(S, 2010, p. 153).Alia que no es Elsa pero que, como todo invento, es un nuevo collage de lo que allí estaba, es para él “la idea alrededor de la cual he hilvanado mi vida” (s, 2010, p. 40). “El anillo de mis reflexiones eres tu” (S, 2010, p.105). Una mujer inatrapable, objeto siempre perdido, partenaire amoroso que, por su lugar paradójico entre presencia y ausencia, le garantiza su goce: el de su pensamiento, pero también el de su escritura. Dirá “De qué escribir! Toda mi vida es una carta para ti. (…)
No se puede escribir sobre amor. Entonces, escribiré…” (S, 2010, p.57)
“Me has dado dos encargos: 1) no telefonearte, 2) No verte. Asi que ahora soy un hombre ocupado. Hay un tercer encargo: no pensar en ti. Pero ese no me lo has confiado. A veces me preguntas si te quiero”. (S, 2010, p. 63). Pregunta que desliza un: no me veas, pero quiéreme, escríbeme, piénsame.
Alia no sólo es motor del goce de la palabra, también implica un goce que excede el significante, goce que vía mediación la mediación del fantasma es capturado por el deseo como “un dolor pensado, del que se puede gozar”. (Miller, 2008, p. 392): “Escribo este libro para ti, Alia, y mientras lo escribo, siento dolor físico” (S, 2010, p. 126).

Del lado de ella: – ¿escrita por él? –
Alia en su primera carta le escribe: “Cariño, alma mía. No me escribas de amor. Por favor, no. (…) No te quiero y no te querré. Tu amor me asusta, un día me harás daño por haberme amado de ese modo. Suaviza tus terribles gemidos (…) Tal vez tu amor sea grande, más no es alegre. (…) Sé más ligero o te hundirás en el amor. Cada día te vuelves más triste. Deberías irte a un balneario, cariño” (s, 2010, p. 41).
En otra carta: “escribes sobre mí, para ti” (S, 2010, p.121). “Hablas de ti, y cuando escribes sobre mí sólo me haces reproches. Las cartas de amor no se escriben para el placer de uno mismo, de la misma manera que un amante no piensa en sí mismo cuando hace el amor. Bajo excusas de toda clase escribes siempre de lo mismo. Deja de escribir de cómo, cómo, cómo me quieres, porque en el tercer <> me distraigo y me da por pensar en otras cosas” (S, 2010, p. 152).
Ella “rosada y vaporosa” (S, 2010, p. 61) como toda histérica sabe que esas cartas no tratan de amor, no implican un don. Son cartas producto del goce encerrado sobre si mismo, como el autor mismo sabe. Le hace decir a una zapatilla en una carta: “Puedes amar a Alia, pero no ames tanto tu amor por ella”(S, 2010, p.71).
Él la quiere toda para él, su tiempo y espacio, y ella le marca incesantemente que no hay modo de atraparla, le dice: “Un montón de libros que no leo; el teléfono por el que podría hablar pero no hablo; el piano, que podría tocar pero no toco; la gente con la que podría quedarme pero con la que no me quedo, y tú, a quien podría amar, pero no amo. Y sin embargo, cuánto lloraría, querido mío, sin los libros, las flores, el piano y sin ti.” (S, 2010, 95). Ella goza en la privación.
No sabemos si continúa ésta historia… pero sí sabemos que la última carta es de Alia y dice: “Aunque escribas tus cartas tristes a otras personas, yo te quiero”.
Alia espera de él un ser, lo espera aún. Y es esa demanda incesante la que hace pareja con su escritura – la de él por supuesto -. Quien le confieza en una carta: “Te escribo cada noche, después rompo la carta y arrojo los pedazos a la papelera. Luego renacen, vuelven a pegarse y se escriben de nuevo. Te mando todo lo que escribo. (…) Siempre actúas igual: un encuentro, flores, el amor del hombre que llega un poco tarde, siempre tarde
(…) El hombre empieza a querer un día después de haber dicho: <>. Por eso no hay que decir esas palabras. El amor crece diariamente, igual que el ardor del hombre, pero tú para entonces ya has perdido interés. (…) Sólo yo, desgarrado como una de mis cartas, sigo escapando de tu prisión de juguetes rotos. Sobreviviré a otra decena de tus enamoramientos, porque de día me destrozas, pero de noche me rehago, como las cartas” (S, 2010, p. 84)
Entonces… palabras más o menos el amor materializa el error y vehículiza así el goce en juego.


1 cada uno desde su fantasma, con su modo de goce implícito y tomando desde allí al otro como su objeto. $◊a y $◊Ⱥ.
2 El formalismo Ruso (1915-1930) movimiento vanguardista. En la literatura y la poesía busca extrañar el lenguaje, hacer surgir otro sentido al sentido común del lenguaje mediante un forzamiento sobre el lenguaje que involucra la manipulación de su materialidad y sonoridad. De allí Lacan se sirve en su última enseñanza para trabajar el tema de la interpretación.


Bibliografía
Shklovsky, V., (2010), Zoo o cartas de no amor, Barcelona, Ático de los libros.
Miller, J-A, (2008), El partenaire-síntoma, Buenos Aires, Paidós.
Lacan, J, (2006) El Seminario 20: Aún, Buenos Aires, Paidós.


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