“Ella baila sola”

Por María Florencia González (*)

“El trauma y su inscripción en el sujeto, cuando es relatado en análisis, se articula en el discurso bajo diversas modalidades que van desde el mito del origen, la investigación sexual infantil, el tránsito por el complejo de Edipo, a la relación con los semejantes, en fin, tejiendo el sintagma “novela familiar”, versiones del sujeto que lo anudan a una filiación como así también a una pertenencia.

Le cabe al analista tomar nota de esa diferencia, cuyo valor es inmenso para el advenimiento de lo inédito, que no es sin las marcas del Otro que las inscribe” (1).

Es frecuente asociar ciertos acontecimientos con tinte doloroso u ominoso a lo traumático. Incluso cuando en la clínica escuchamos algo de este orden es difícil no confundir, al menos por un instante, el estatuto del trauma. Me interesa interrogar dicho estatuto en relación a un caso clínico.

Lucia es una paciente que atiendo en este Centro hace varios meses. Cuando su mamá solicita la admisión comenta estar preocupada porque su hija de 12 años (casi 13) “empezó a mentir, inventa historias. Miente en el colegio, dice que ella es como la cenicienta en su casa, esconde su ropa sucia”. Relata que hace poco también encontró conversaciones “subidas de tono” con un chico con el que hablaba por Facebook a través de un grupo, donde utilizando distintos animés hacían de cuenta que eran otros, se encontró con que su hija se hacía pasar por una mujer mucho mayor, con hijos, etc. Este hecho la horroriza, motivo por el cual le prohíbe usar la computadora, le cierra su cuenta de Facebook, le bloquea el mail y le quita el celular.

A su vez, no sabe qué hacer con ese cuerpo que crece y que comienza a ser exuberante según su modo de ver. “Está muy desarrollada y usa ropa provocativa”. Pareciera haber un exceso en el mirar de esta mamá, ubicando allí un cuerpo sumamente provocador que revela una pregunta ¿Qué provoca? ¿qué despierta?

Se la interroga por esto y ella asocia relatando una escena: “Cuando Anabel (hermana de Lucia) tenía 4 años su tío le metió la mano por debajo de la bombacha y Lucia se quedó mirando. Llegué a casa y me encontré con eso”. Describe aquel episodio como algo “traumático no para Lucia, sino para su hermana”. Sin embargo, hace un tiempo y a partir de observar tantos cambios en Lucia, comenzó a dudar ¿habrá sido traumático también para Lucia?

Silvia (mamá de Lucia) se conmueve en uno de los primeros encuentros, llora y dice sentirse muy exigente con su hija pero que a la vez su familia y su marido le dicen que es muy blanda. Le pregunto, qué piensa ella: “No sé, al final estoy entre una cosa y la otra pero no sé qué pensar de mi”. Su madre se encuentra dividida entre la rígida y la blanda, tiempo donde la transferencia de su hija hacia ella ha caído y quizá sin saberlo busca la transferencia en un analista.

El encuentro con Lucia me hace verla un tanto distinta a los dichos de su madre, si bien es grandota no suele venir con ropa provocativa, por el contrario suele vestirse con ropa holgada, entra con su cabeza gacha, no me mira, se muestra como una púber inhibida.

Primer tiempo:

Se sienta frente a mí y llora. Le ofrezco un pañuelito, lo toma y pide perdón. Llora cada una de las veces que entra a sesión durante el primer tiempo. Le pregunto si quiere hablar de lo que le está pasando, su respuesta es “no sé”. Reiterados no sé recorren las primeras sesiones con Lucia.

Con el tiempo y luego de varias preguntas de mí parte, comienza a contar que le gusta dibujar. Hace dibujos que son caricaturas de animé de distintas personas a los que llama “chibi”. Interrogo ¿qué es un chibi? “Es esto”. Realiza un dibujo donde los ojos de los personajes tienen la particularidad de ser grandes, muy grandes en relación a los cuerpos, sumamente delgados. En cierta ocasión también me dibuja a mí, mirando hacia otro lado.

Indagando sobre el chibi me encontré con que es un sustantivo del idioma japonés que describe a un niño, también es un peyorativo cuando se refiere a un menor. En dicha cultura, un chibi es un niño o una versión infantil de un personaje de animé, que en la serie original es mayor (adulto). Una versión chibi de un personaje usualmente es presentado con fines cómicos. Son personajes que en las versiones televisivas hablan con voz infantil, tienen ojos más grandes y una personalidad más traviesa.

Comenzó así un tiempo donde el dibujo fue abriendo una nueva dimensión simbólica: comenzó a hablar de sus gustos, la música, el colegio, sus preocupaciones en relación a no tener muchos amigos y cuenta que solo es amiga de dos chicas que son unos años menores que ella.

Las primeras preguntas que me hacía en relación a la dirección de la cura eran por el lado de aquella escena que traía su mamá ¿Algo del ojo que vio aquella escena se escribe en sus dibujos? Su mirar aquella escena, ¿tiene el estatuto de lo traumático? ¿Es esto traumático para Lucía?

En los comienzos de las investigaciones de Freud, el trauma estaba ligado a la etiología de las neuropsicosis de defensa como un episodio fáctico, ocurrido en la realidad efectiva, un atentado de tipo sexual, acontecido en la infancia. El evento traumático era inferido mediante el trabajo analítico por los efectos que producía, es decir, retroactivamente. El trauma entonces obedecía a vivencias precoces de carácter sexual que habían sido olvidadas. Esta teoría del trauma es interrogada posteriormente por Freud en tanto descubre que la causa del padecimiento no se hallaba en estos acontecimientos.

Luego de su carta 69 a Fliess donde dirá “ya no creo más a mi neurótica” (2) donde descubre que hay una verdad que ya no tiene que ver con la realidad efectiva, con el paso de los años evidencia que será universal el carácter inexorablemente traumático de la sexualidad. Volverá sobre lo traumático y dirá ahora que es un exceso de excitación que irrumpe en el aparato anímico produciendo una desregulación en su economía.

Segundo tiempo:

Durante cierto tiempo comienza a amenguar ese llanto para pasar a los dibujos de chibis y relatos.

Tiempo donde comienzo a pensar que la escena traumática de la que habla la mamá de Lucia no es la misma que atraviesa a Lucia en su padecer. Si bien el relato de la escena que trae Silvia es del orden de lo horroroso, pudo haberse inscripto así para Silvia e incluso para su otra hija, ¿quién sabe? Pero no para Lucia. En relación a los dichos de Silvia, pareciera que lo real del cuerpo de su hija que irrumpe ahora en la pubertad, con el desarrollo del cuerpo, con la sexualidad y la salida exogámica, reanimaría aquella primera escena vista por Silvia. Con la potencia de lo que despierta en ella este cuerpo creciente se delinea la angustia de una mamá que no puede más que prohibir los usos de la salida exogámica que intentaba Lucia (prohíbe Facebook, internet, celular).

¿Y qué hay del padecimiento que trae Lucia sesión tras sesión? ¿qué hay de su inhibición, su síntoma, su angustia?

En cierta ocasión, entra llorando nuevamente al consultorio. Esta vez entre sollozos va relatando qué la puso así: “Estaba por tomar el colectivo y me caí en la calle, todos me miraban, me puse muy mal”. Nuevamente, el recorte de la mirada resuena. Comento que todas las personas pueden caerse. Le pregunto si alguna vez le pasó algo así y responde con su clásico “no sé”. Le propongo que trate de pensarlo.

Retomando a Freud, la vertiente real de lo traumático estará ligada a la compulsión a la repetición que confronta al sujeto con el desvalimiento que atraviesa y estructura toda existencia humana. Constituirá aquello a lo que el sujeto deberá responder.

Sesión siguiente dice: “Pensé en lo que me dijiste. Me acuerdo algo que me pasó a los 5 años que fue parecido. Estaba en un acto del colegio y tenía que bailar con un chico en el escenario. Ese chico no pudo bailar y me quede bailando sola en el escenario”. Le pregunto ¿qué hizo? Y responde: “Tuve que bailar igual, hice un rato de mujer y otro rato de hombre. Al final salió bien”.

Esta asociación puede pensarse como algo que revela el orden de lo traumático del despertar sexual en la pubertad. La escena que trae y que resignifica a partir de la vergüenza que sintió al caerse y ser mirada, es asociada por ella con otra escena que también le provoca vergüenza, bailar sola con la indefinición sexual, ¿soy hombre o mujer? Quizá lo traumático para Lucia está más del lado del despertar sexual en la pubertad, de ese significante que no está escrito.

En el Seminario 11 Lacan desarrolla el trauma como encuentro fallido con lo real equiparándolo a la tyche de Aristóteles. Así, desde la perspectiva del trauma, el inconsciente favorecería su manifestación en el sueño y participaría de la función de la fantasía en tanto velo y barrera a lo real. El real propio del trauma vendrá a agujerear a ese sistema inconciente mostrándonos una dimensión más allá del principio del placer, quedando identificado ahora con la función del despertar: “El despertar, ¿cómo no ver que tiene un doble sentido? ¿Qué el despertar que nos vuelve a situar en una realidad constituida y representada cumple un servicio doble? Lo real hay que buscarlo más allá del sueño –en lo que el sueño ha recubierto, envuelto, escondido, tras la falta de representación, de la cual solo hay en él lo que hace sus veces, un lugarteniente. Ese real, más que cualquier otro, gobierna nuestras actividades” (3).

En la vía de este despertar identificado al real propio del trauma podemos pensar ¿por qué no? el despertar sexual en la segunda vuelta de la pubertad, más allá de la escena vista que es traída por su mamá.

Más adelante Lacan dirá que el verdadero núcleo traumático es la relación a lo que él llamó lalengua, en tanto ésta deja marcas que se padecen en el cuerpo. Lalengua será como un depósito de significantes donde habrá un saber imposible de abordar. Lalengua afecta el goce del viviente, del ser que habla, “nos afecta primero por todos los efectos que encierra y que son afectos” (4). En “La Conferencia en Ginebra sobre el síntoma” Lacan le da relevancia a la primera infancia, donde se recibe el discurso, lo define más bien como impregnación del lenguaje: “El inconsciente es la manera que ha tenido el sujeto de ser impregnado por el lenguaje, de llevar su impronta” (5). Para cada cual, lalengua proviene del medio sonoro del discurso, que envuelve al sujeto con sus sonidos, con sus ritmos y sus silencios. Lacan deja entrever así cierto desplazamiento: del acento puesto en el discurso del Otro, articulado como un lenguaje, al acento puesto a lalengua oída del Otro. Pasaje de lo simbólico a lo real.

Escrituras:

Lucia va escribiendo poco a poco algo de este real que emerge en el despertar sexual, en su cuerpo, a partir de chibis de ojos grandes, de relatos, de escenas vistas, oídas, camino a la constitución de su fantasma. En análisis va tejiendo su historia y va encontrando sus respuestas, las que la implican subjetivamente como una vía posible de elaboración de lo traumático del despertar sexual. ¿Soy hombre o mujer? ¿Qué soy? Para su mamá, ella es la hija exuberante que viste provocativa y miente, inventa historias, tiene conversaciones a escondidas “subidas de tono”, etc.

Ella se dibuja en un chibi con aspecto bien masculino, se dibuja en un chibi una versión infantil de un personaje adulto. Le pregunto: ¿Y este quién es? Ella se ríe y me dice “Yo”. También sonrío. Se queda pensando, me mira y pregunta “parezco un varón más que una nena, ¿no?”. Respondo con un silencio y dice: “Le voy a poner aritos”. Dibuja sus aritos, los que no lleva puestos, pero que ahora son representados en su dibujo. Firma al pie de la hoja y termino la sesión. Niño, niña, adulto, hombre, mujer, devenires de una posición sexuada que con el tiempo ¿conquistará?

Bibliografía:

  • Freud, S. Carta 69. En Obras Completas, tomo I. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008.

  • Freud, S. La herencia y la etiología en la Neurosis. La etiología de la histeria. En Obras Completas, tomo III. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008.

  • Freud, S. Más allá del principio del placer. En Obras Completas, tomo XVIII. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008.

  • Lacan, J. El seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011.

  • Lacan, J. El seminario 20: Aún. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011.

  • Wainsztein, S. La respuesta del sujeto a las marcas de infancia. En Revista Imago Agenda N° 177. Buenos Aires, 2013.

1 Wainsztein, S. La respuesta del sujeto a las marcas de infancia. En Revista Imago Agenda N° 177. Pag 3.

2 Freud, S. Carta 69 en Obras Completas, Tomo I. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008. Pag 301.

3 Lacan, J. El seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011. Pag 68.

4 Lacan, J. El seminario 20: Aún. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011. Pag 167.

5 Lacan, J. La conferencia en Ginebra sobre el síntoma en Intervenciones y textos. Pag 124.

(*) Psicoanalista. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / gonzalez_florencia@hotmail.com

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