“La compañerita de mamá”

Por Patricia N. Manfredi (*)

El caso clínico que presentaré, podría situarse por sus características, como un caso de neurosis grave. Y en ese sentido me formulo la siguiente pregunta: ¿Cuáles serían las diferencias con la neurosis clásica? Esta pregunta nos remite a Freud, debido a la diferencia que establece entre neurosis de transferencia y neurosis narcisista. Para las neurosis clásicas (histeria de conversión, histeria de angustia, y la neurosis obsesiva) Freud creó el dispositivo analítico y las denominó neurosis de transferencia. Como señala Heinrich, la posibilidad de transferencia, debería producirse para que el sujeto “pueda hacer su neurosis de transferencia en relación a un Otro que ofrezca su escucha”. Para Lacan esta posibilidad de transferencia estaría dada respecto a que el objeto a pueda ser situado en el campo del Otro.

En el seminario X, Lacan refiere que la angustia es un indicador de lo Real. Cuando el velo simbólico imaginario falla algo aparece, el objeto a, que debería permanecer oculto. Es importante tener en cuenta que el objeto a se constituye como resto a partir de la operación de constitución del Sujeto en el campo del Otro. De esta división surgirá el Sujeto y el Otro atravesados por la barra, quedando un resto, el objeto a. La barra indica que hay un Otro y un Sujeto divididos por la castración. Esto daría lugar a que el Sujeto se pregunte por el deseo del Otro, y el fantasma sería la respuesta a la pregunta por el “qué me quiere”, pudiendo quedar identificado al objeto para intentar completarlo. La angustia que presente el sujeto irá “mostrando” el lugar de fijación en el que quedó situado.

En los casos de neurosis graves, la posibilidad de interrogar al Otro es más difícil; como así también el poder separarse, por no haber ocupado un lugar valioso en el Otro. El modo de presentación clínica de estos pacientes, en general es con una angustia masiva, o no la hay. También se les dificulta, a estos pacientes, el instalar una transferencia en el dispositivo analítico. Por lo cual en estos casos las intervenciones del analista en principio, en lo imaginario, tenderán a provocar un cambio en la posición subjetiva, ubicándose el mismo en la posición de un Otro que no goza.

Viñeta clínica:

Lidia tiene 44 años, su motivo de consulta se refiere al tipo de límites que les da a sus hijos, un varón de 10 y una nena de 6 años. Muy angustiada comenta que estos límites implican violencia verbal y física, sobre todo hacia el varoncito; lo cual se vería reflejado en problemas de conducta en la escuela. Piensa que hace todo mal, pero que no sabe cómo controlarse cuando su hijo no le hace caso, dice” se me va la mano”, “no sé qué hacer”. Primero comenzaban las discusiones y ella le gritaba, a partir de los 5 años de su hijo siguieron los tirones de orejas y los golpes; tras lo cual le pedía disculpas al mismo.

Vive con su pareja, sus hijos y su padre.

Cuenta que desde los 5 años tuvo cistitis y dolores de cabeza. Que sus padres eran violentos y que tanto a ella como a su hermana les pegaban cinturonazos, y las golpeaban con palos de escoba, esta situación duró hasta sus 13 años. Desde muy chica, Lidia, acompañaba a su madre, quien sufría de depresión, “mi madre me decía que era su compañerita”; “pobre mi mamá, la comprendo porque yo también tengo mucha depresión, me cuesta levantarme, hacer las cosas”. Estos episodios son relatados sin angustia.

Sentía que su padre no la quería, que la menoscababa, como ocurrió a sus 14 años, cuando por una baja nota en matemáticas, se enojó mucho y delante de la familia la humilló; tras lo cual, Lidia, se encerró en su cuarto y tomó pastillas, “quería desaparecer, quería paz”. Al día siguiente fue internada por tres días por intoxicación. Quien se encargó de ir a buscarla fue su hermana mayor. Luego hizo terapia psicológica hasta los 16 años.

En otra entrevista, muy angustiada refiere que sus padres le “largaron la mano” y ella quedó “caída”. Sentía que no podía ser querida por nadie y que hacía cosas para que la quisieran, que aceptaba todo lo que le decía su madre, y que era muy obediente.

Lidia refiere que tuvo problemas de sobrepeso desde chica; a los 13 años la llevaron a hacer tratamiento para la obesidad en la Clínica Cormillot,”adelgacé ocho kilos”, luego dejó el tratamiento porque sus padres no podían seguir pagando y comenzó a tomar pastillas para adelgazar, así ocurrió hasta sus 17 años.

Refiere sentirse “deprimida y desganada”,” me veo gorda, tengo atracones con la comida, no lo disfruto, pero no puedo parar”. Dice que es un “logro” hacer la terapia y que le cuesta mantener la continuidad.

La dirección de la cura consistió en un principio en alojar el sujeto, promoviendo la posibilidad de que se instale la transferencia; y a la vez que algo de lo no constituido en tiempos de estructuración subjetiva, se constituya. También a confrontarla, por ejemplo, con el hecho de que su depresión, tendría que ver con seguir sosteniendo a la madre. Intervenciones que apuntan a que pueda posicionarse como sujeto deseante, lo cual implicaría para Lidia dejar de ser la “compañerita de su mamá”. Respuesta fantasmática que sosteniendo su deseo, la saque de este encierro en el campo del Otro. Podríamos agregar lo que Silvia Amigo señala: “Es claro que el objeto es imposible. Lo es. Pero el sujeto precisa tener en su haber una escritura de lo imposible del objeto que causa su deseo.” De no tenerlo se produce lo que Lacan muy bellamente llama “tragedia del deseo” que acaece cuando el sujeto no cuenta con la disposición de escritura que le permita alguna advertencia sobre lo que desea. La tragedia del deseo es la abolición de la mera posibilidad de plantearse un deseo.

En una de las entrevistas relata con gran angustia los castigos recibidos por parte de sus padres, “eran muy violentos”. Las intervenciones realizadas se orientaron también, para que la paciente pudiera formularse alguna pregunta respecto al padecer por el que llega a la consulta, que tenía que ver con la violencia dirigida a sus hijos. Muy afligida reflexiona sobre su propia violencia y cuenta que está pudiendo contenerse, que a veces lo logra. También refiere que está llevando a su hijo a una psicóloga de niños, y agrega: “me hace bien hablar con vos, gracias”

En la atribución fundante del narcisismo tiene que haber por parte del Otro una inhibición del rebajamiento instrumental”, señala Silvia Amigo y continúa algunos párrafos después ”…Se trata de una inhibición fundante que hace que el gran Otro no diga a su niño frases injuriantes como modo de nombrar el narcisismo”

Podríamos considerar entonces, que aquellas situaciones traumáticas generaron angustias, que por su intensidad, operaron como injuria narcisista en el yo; y es en el proceso analítico, donde Lidia, podrá enfrentar y elaborar esas primeras heridas narcisistas.

Bibliografía

  1. AMIGO, S (1912) Clínica de los fracasos del fantasma, Buenos Aires, Letra viva, 2012
  2. HEINRICH, H (1912 Cuando la neurosis no es de transferencia, Buenos Aires, Letra viva, 2012
  3. LACAN, J (1968) Seminario: libro x. La angustia. Buenos Aires, Paidós, 2006

(*) Psicoanalista. Equipo Adultos – Turno Mañana. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / patricianoramanfredi@yahoo.com.ar

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