“La invención de la historización”

Por Santiago Avogadro (*)

Trabajo publicado originalmente en Psicoanálisis y el hospital N°48: Invención y creación, Ediciones del Seminario, en Noviembre 2015.

“A este respecto, no es inútil preguntarse qué es la historia.

¿Los animales tienen una historia?

¿Es la historia una dimensión propiamente humana?”

Jacques Lacan (1952), El hombre de los lobos. Notas del Seminario.

En septiembre de 1897 Freud (1986) le escribía las siguientes palabras a Fliess: “en lo inconsciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto” (p. 301-302). Las investigaciones freudianas tomaban un giro epistemológico y el psicoanálisis empezaba a crear su historia.

¿Pero a qué historia nos referimos en la clínica psicoanalítica? Cuando en el marco de un tratamiento ligeramente hablamos de “historizar” cierto capítulo de la historia, escrita como decía Lacan (1953/2008) “en los monumentos: y esto es mi cuerpo, (…) en los documentos de archivos también: y son los recuerdos de mi infancia, (…) en la tradición también, y aun en las leyendas que bajo una forma heroificada vehiculan mi historia…” (p. 252-253), ¿nos remitimos solamente a ubicar coordenadas biográficas?

Leamos Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (ocasión histórica donde el psicoanálisis comenzaba a re-inventarse): “Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es, ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser” (Lacan, 1953/2008, p. 288). El determinismo histórico lineal queda puesto en jaque, invitando al sujeto a reescribir aquellas marcas que sin que lo advierta producen efectos en la actualidad de su sufrimiento, comandando el goce y extraviándolo del campo del deseo. Historización que en decir de Lacan (1952-53/1981) “se trata menos de recordar que de reescribir” (p.29), ya que lo que cuenta es lo que se reconstruye, en el decir mismo, de aquellos acontecimientos formadores. El eje a-temporal pasa por la incertidumbre del futuro anterior, donde aquello que habrá sido va siendo otra cosa. Un significante en sí mismo no significa nada, sino que tomará significación con aquello que el discurso lo haga significar. Como dice Lacan (1964/1987) en el Seminario 11: “Se trata siempre del sujeto en tanto que indeterminado” (p.34), sujeto que no permanece alienado a su historia sino con capacidad de opción, dando lugar al objeto a en su función de causa.

Es a partir de este preliminar desarrollo que propongo interrogar, junto con aquello que desde del texto freudiano “Duelo y Melancolía” se nombró como ´trabajo del duelo´ (proceso lento de desasimiento de la libido del objeto perdido cuya existencia continúa en lo psíquico, desinhibiendo así al yo) trabajado luego por Lacan a partir del Seminario 6 como ´función del duelo´ (simbolizando el objeto como perdido a partir del cambio de relación con el mismo), un primer tiempo de un caso clínico donde dichas cuestiones ocupan un capítulo del tratamiento. La apuesta a que lo disruptivo de la pérdida (agujero en lo Real) acontecida traumáticamente, que no cesa de no inscribirse, devenga duelo, vía historización. Entendiendo, en palabras de Muñoz (2013) que “historizar es entonces producir una simbolización allí donde algo faltó” (p. 77).

Me dijeron que haga terapia porque sino me voy a morir”

Clara consulta al hospital luego de haber sufrido un “ataque de pánico” mientras volvía de visitar a su hija mayor en el interior del país junto a su marido. Dice que se empezó a sentir mal, a no poder respirar y a sentir que se moría. A su vez, tiene dificultades para dormir hace ya varios años. En relación con esto cuenta que cuando su hija le manifestó hace 6 años su mudanza con su pareja a cientos de kilómetros de Buenos Aires, momento en que tuvo la sensación de no poder respirar, para ella “se le habían muerto”. A su vez, si a uno de sus hijos al que nombra como “la luz de su vida” le sucede algo, afirma que ella se muere con él, quejándose al mismo tiempo de la novia que “se lo sacó” cuando decidieron irse a vivir juntos. Momento donde ella ubica que empezó su malestar asociado a un sentimiento de abandono. ¿Qué pasa que para Clara aquellos que se van se mueren? ¿Qué pierde ella ahí?

Frente al interrogante por dichas separaciones puntualizará que es la muerte de su padre, quien se ahorcó en una de las habitaciones de su casa cuando ella tenía siete años, la que no puede olvidar; a lo cual se le agrega la muerte de su madre mientras dormía, un año después. Un tiempo más adelante relatará que ella dormía junto a su madre, compartían la cama, habiendo dormido junto a ella la noche previa a su muerte. Su madre no se levantaba de la cama por depresión, y era ella con sus hermanas quienes la cuidaban y se hacían cargo de sus hermanos menores. “Es como si hubiese sido ayer” manifiesta en torno a la muerte de sus padres. “Mi cabeza sigue ahí”, dice en otras oportunidades: tiempo coagulado que pone de relieve la no inscripción simbólica de aquellas pérdidas, presente continuo que se hace necesario historizar.

Cualquier invitación de mi parte a hablar de su infancia venía siempre asociado – y sin otro relato – a una posición de su parte a marcar aquello que ella no tuvo: “yo no sé lo que es tener amor de madre, una fiesta de cumpleaños, un lápiz para ir a la escuela, situaciones que mis hijos no sufrieron”. Clara cuenta al pasar y como algo natural que se la pasa haciendo todo para los demás sin preocuparse por ella. Además de ocuparse de las cosas de la casa, se levanta a la madrugada para sacar turnos en los hospitales para su marido, su cuñada, sus sobrinos y para ella que sufre de diabetes e hipertensión. Se la pasa viajando tanto en colectivo que a veces se sube y se olvida adónde va. El resto del tiempo lo pasa en su casa, donde o se dedica al trabajo de ama de casa o se la pasa tirada en la cama sin ganas de nada (lo que le genera peleas diarias con su marido). Su único interés es poder seguir viviendo hasta que su nieta cumpla 15. Visitando a su hija en el interior es en el único lugar donde está tranquila, ya que se ocupan de ella y vuelve a ser una “reina”; Escena materna que retorna y se sostiene sin poder separarse de la misma, tanto en el lugar de madre como en el lugar de hija, imposibilitando una versión de ella alejada de estos lugares. Avanzado el tratamiento, narrará que habiendo quedado embarazada a sus 15 años tomó la decisión de casarse como manera de irse del cuidado de sus hermanas, ocupando entonces su marido un lugar de padre para ella. Había sido luego del fallecimiento de su madre que Clara dejó la escuela para dedicarse a trabajar bajo la mirada de su hermana mayor.

Recortado el significante amor de madre, el mismo permitió que empezara un relato en torno a sus hijos, sus nietos. Y es a partir de los enojos dirigidos a su hijo menor y el temor a que el mismo no disfrute sus años de joven, que un interrogante se empieza a construir en relación a la juventud y al disfrute. Su mayor temor en relación a su hijo era que deje embarazada a su novia. El señalamiento por mi parte de dicho temor en relación a su historia generó que la angustia aparezca por primera vez en la consulta. Una narración comienza en torno a ciertas amistades, salidas, bailes, desencuentros y celos amorosos. Venir al hospital comienza a ser su día de libertad dirá.

No sin angustia, la historia de su familia (las sucesivas elecciones de sus doce hermanos) y ciertos recuerdos infantiles se empiezan a armar. A los escasos cuentos en torno a los juegos infantiles mi propuesta era inventarles un nombre, introducir una nueva regla. Luego de dibujar los espacios de su casa las referencias y recuerdos de los mismos fueron apareciendo. Las historias de su madre empezaron a manifestarse en torno a la cocina, los recuerdos de su padre fueron surgiendo en relación a su alcoholismo, a su profesión como policía ordenando siempre como tenían que ser las cosas. “¿Será que nunca lo perdoné?”, se pregunta ahora.

Con el surgimiento de un futuro viaje al interior, el pánico se anuda a la siguiente pregunta: “¿Será que ahora de vieja puedo disfrutar?” Pregunta que queda abierta, iniciando un nuevo tiempo en la cura.

Historia y Sujeto

De regreso a la Carta 69 dirigida por Freud a Fliess, punto que marcó un clivaje teórico en la etiología de la neurosis y la teoría del trauma (generando un punto de controversia que prestó a diferentes lecturas), la fantasía pasó a tener estatuto de causa. La implicancia subjetiva en su dimensión fantasmática tomó un rol protagónico en el análisis. Como afirma Lacan (1952-53/1981) en el Seminario 1: “No creo traicionar el pensamiento de Freud – basta saber leerlo pues está escrito con todas las letras- diciendo que solo la perspectiva de la historia y el reconocimiento permite definir lo que cuenta para el sujeto” (p.61).

Está claro que los conceptos de trauma y duelo no pueden ser homologados. El trauma no implica siempre la pérdida de un objeto, mientras que en el duelo no siempre el fantasma del sujeto se ve arrasado por aquella pérdida que da lugar al mismo. Pero sí en ambos casos se trata de un encuentro con lo real que demanda, en su especificidad, una simbolización donde el sujeto en transferencia es propiciado a una producción inventiva de historización subjetiva. Ya que como dice Lacan (1952) en su seminario sobre el Hombre de los Lobos: “La historia es una verdad que tiene como propiedad que el sujeto que la asume depende de ella en su constitución misma de sujeto, y esta historia depende también del sujeto mismo, pues él la piensa y la repiensa a su manera” (versión inédita, clase n°1).

Bibliografía

  • Freud, S. (1897). Fragmentos de la correspondencia con Fliess (Carta 69). En Obras Completas, Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu, 1986.

  • Lacan, J. (1952). El Hombre de los Lobos. Notas del seminario. Inédito.

  • Lacan, J. (1953-1954). Seminario 1: Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós, 1981.

  • Lacan, J. (1964). Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1987.

  • Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (2° Ed.). En Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2008.

  • Muñoz, P. (2013). Histructura y esctructoria. En Psicoanálisis y el hospital N°43: Historización y duelo. Buenos Aires: Del Seminario.

(*) Psicoanalista. Equipo Niños – Turno Tarde. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / santiagoavogadro@hotmail.com

 

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