“Elegí hablar del trauma del siglo…”

Lic. Marcelo Barros (*)

Desgrabación corregida por el autor de su participación en la jornada “Las escrituras del trauma”, 1 de Junio de 2016. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de Salud Mental Nº1 “Dr. Hugo Rosarios”. CABA.

Agradezco la invitación a participar de estas jornadas. Su título me parece un título feliz, muy bien elegido. Elegí hablar del trauma del siglo. Nuestro siglo por ahora parece tener dos orígenes muy distintos. Uno es la caída del muro de Berlín en noviembre del 89, que marca el fin de la Guerra Fría y la profundización de un discurso que ya estaba desde antes, desde mucho antes, pero que se profundiza allí. Un discurso, digamos, que pone en juego una nueva forma de poder, y un poder que se presenta como post político, acéfalo, el poder acéfalo del mercado cuya una idea no es nueva.

En 1776 Adam Smith usa una metáfora: los conflictos que genere el libre juego de las fuerzas económicas habrán de ser arreglados por “la mano invisible del mercado”. No hace falta ninguna autoridad política, ninguna autoridad exterior al mercado. Y esto es fundamental porque tiene que ver con la declinación del Nombre del Padre, que es esencial al discurso capitalista. Se instala entonces a partir de la caída del muro de Berlín, una idea que está expresada por Francis Fukuyama que se llama “El fin de la Historia”, y es la idea de que viviríamos en una era donde el conflicto ha concluido, una era post conflictiva, donde las categorías, de izquierda, de derecha, las ideologías, serían nociones perimidas. Supuestamente estaríamos en un nuevo orden simbólico y tenemos que dejar eso que ya pasó, esos conflictos que afligían al sujeto. Eso es algo que hoy en día está bastante presente en diversas formas de negacionismo. Hace poco en un congreso que hubo en Río de Janeiro, el Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, un colega francés que se llama Guy Briole, dijo que el hombre del siglo XXI vive como si Hiroshima, Auschwitz, las dos guerras mundiales, no hubiesen existido. Es una crítica a esta idea de una nueva subjetividad que propone Fukuyama.

El segundo comienzo de nuestro siglo XXI es muy distinto. Está referido al atentado de las Torres Gemelas del 11 de septiembre y cuestiona de algún modo esa idea que se profundizó y continúa, esa idea conveniente al neoliberalismo de que vivimos en una era post conflictiva, en una época donde el poder asume una forma post política. Ese episodio nefasto marca un retorno, el retorno de algo, no sabemos muy bien qué, pero marca que las cosas no andan del todo bien.

Esto me recuerda que volver a hablar del trauma es volver a hablar de Freud. Es tomar conciencia de que no nos hemos sacado a Freud de encima. No nos hemos sacado a Freud de encima, no nos hemos sacado al padre de encima. Como decía Lacan en el seminario IV “el padre no es tan simple”. Tal vez es algo que tiene que ver con los orígenes. Y Freud, si bien la teoría traumática marca el inicio de su teoría y pareciera que después la abandona, él la retoma sobre el final de su enseñanza, particularmente en “El Moisés y la religión monoteísta”, que no es un título cualquiera. Él retoma la teoría del trauma allí, y dice algo muy interesante. El trauma tiene efectos positivos, como efectos negativos. Los efectos positivos son los efectos que produce el trauma cuando el trauma es lo menos negado posible. Cuando el sujeto se puede articular al trauma de alguna manera, a la experiencia traumática, y predominan los procesos de elaboración. En cambio, los efectos serán tanto más negativos en cuanto predominen los procesos de negación y de desconocimiento.

Nosotros hoy en día nos enfrentamos quizás con una nueva forma de poder, con una forma post patriarcal del poder, que implica una nueva forma de desconocimiento. Vean ustedes que yo recién mencionaba esta idea del discurso neoliberal, de que las viejas categorías están caducas. Pues bien, hay gente que piensa que Freud es caduco, que está pasado de moda, que Marx es caduco, que Lacan incluso, el primer Lacan, siempre lo que es primero parece que está pasado de moda, y que lo único que tiene valor es lo último en salir, la última novedad. Uno sabe que compra un gadget y salió del negocio y ya es viejo. Como decía Marx, las viejas ideas perecen y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Y esto que dice en 1848… Hago de paso un comentario importante: quien piense que el capitalismo es algo conservador no entendió nada. El capitalismo es cualquier cosa, menos conservador. No conserva absolutamente nada. Por eso Max Weber dijo que el principal enemigo del capitalismo es la tradición. Cualquier tradición, cualquier cosa que tienda a la preservación y al trascender.

Entonces, hay nuevas formas de desconocimiento. A pesar de que Lacan nos dijo que hay autores que no pueden ser superados, sin embargo uno va viendo como hay ciertos autores que son descartados por el culto a la novedad. Pero la verdad del culto de la novedad es que en realidad es un culto del descarte. Descarte de ideas, de categorías de pensamiento, de autores. Descarte de personas, esencialmente. De especies animales y vegetales. Ese descarte que va haciendo que el problema ambiental en nuestra actual cultura nos amenace con una catástrofe posible. Y pareciera que los poderes establecidos no lo perciben. Muy bien, Lacan dice que este desconocimiento va a ser progresivo. Dice en “La Ética del psicoanálisis” que las ciencias humanas se van a caracterizar por “un desconocimiento sistemático de los fenómenos de violencia”. Y llama la atención que Lacan diga eso: vamos a desconocer los fenómenos de violencia. Por ejemplo, dentro de dos días va a haber una marcha por este tema. Cuando venía para acá en un taxi, decían en la radio que del año pasado a éste se duplicaron las estadísticas de denuncia por fenómenos de violencia. Yo no sé si será un fenómeno mediático o qué, pero pareciera haber un aumento de la violencia de género. Si vemos solamente los medios no de acá, sino del mundo, pareciera un fenómeno que va en aumento. Y en general suele atribuírselo al patriarcado, a los estereotipos, etc. Ahora, nadie parece reparar en lo paradójico. Sin duda el patriarcado influye, pero sería difícil decir que el patriarcado esté en ascenso. Siempre hay bolsones de poder patriarcal en todos lados y eso sigue existiendo. No es que el patriarcado dejó de ser. Pero no podríamos decir que el patriarcado sea más fuerte hoy que hace cincuenta o cien años atrás. Y sin embargo este fenómeno, el de la llamada violencia de género, crece. A pesar del cambio sustancial que ha habido en la posición de las mujeres dentro de la sociedad. Es enigmático. Y cabe preguntar si la raíz de estas cosas está en el patriarcado o en un fenómeno nuevo.

Daría otro ejemplo. También uno podría decir que el Holocausto en Europa se debió al antisemitismo secular que había en la cristiandad europea durante siglos. Eso debe haber estado presente. Sin embargo muchos notaron que había un fenómeno nuevo, que el nazismo implicó algo nuevo, agregado, una forma de poder nueva ligada a la producción, y a la programación, porque se estableció un programa de muerte. Y esta programación es algo que Lacan señala como esencial al sujeto contemporáneo. Lacan dice -y lo dice en los años 50- en el seminario de la Ética del Psicoanálisis, que tendríamos que traducir el imperativo categórico kantiano al lenguaje, dice él, de la electrónica y la automatización. No existía lo digital en esa época. Pero vale todavía más. Tendríamos que traducir el imperativo categórico al lenguaje de la tecnocracia moderna. Y ese imperativo sería, dice Lacan, “Actúa de tal modo que tu conducta pueda ser programada”.

Ahora bien, el trauma es justamente lo que está fuera del programa. Es una contingencia, seguramente una contingencia necesaria. Una contingencia de la que nadie escapa, pero no deja de ser una contingencia. Es una tyche, algo del orden de una tyche, opuesta al automaton. Creo que la colega habló bastante bien sobre los aspectos metapsicológicos del trauma, de eso que escapa al programa del principio de placer, y que, me gusta una figura de Sándor Ferenczi quien decía que el trauma es la caída del “a mí no me va a ocurrir”. El trauma es la caída del “a mí no me va a ocurrir”. O en términos de Cesar Vallejos que tiene un poema que dice “Hay golpes en la vida que son como del odio de Dios”. Suena jodido eso. (risas) Pero es verdad que hay golpes en la vida que parecieran ser como del odio de Dios. Por supuesto, ya hay algo fantasmático, ahí, una visión casi paranoide. Pero el trauma implica la ruptura de una promesa, la ruptura de la palabra del Otro. Es lo que está contenido en la palabra “Versagung”, que los post freudianos tradujeron como frustración, que es lo que vino a ocupar el lugar del suceso desencadenante, es decir, para Freud, y que Lacan tradujo muy bien como “ruptura de palabra”. Una traducción posible de Versagung es “ruptura de palabra”. Es la ruptura de la palabra paterna que nos dice “a vos no te va a ocurrir”, de los padres que proyectan su yo ideal sobre el chico, como dice Freud en “Introducción al Narcisismo” y quisieran ahorrarle al niño las miserias de la vida por las cuales ellos tuvieron que pasar. Bien. Pero también es cierto que quizás no es muy feliz que se las ahorren tanto. Eso hace pensar en el sujeto actual tan alejado de la castración. Y tan alejado de la dimensión de la memoria.

Hay algo que si uno sigue a Lacan, uno tendría que decir: el Edipo es algo caduco, una “ensoñación freudiana” como dice en el seminario XVII. Hay puntos en los que me cuesta ser lacaniano del todo, lo tengo que decir. (risas) La resistencia del sujeto contemporáneo a reconocer que los sucesos del pasado inciden sobre su presente y sobre su futuro. Porque el trauma es lo que viene, lo que va a venir, pero eso que va a venir, es algo, nos dice Freud, que está íntimamente ligado a algo que fue y no ha dejado de ser. Nos dice que en el inconsciente los dinosaurios siguen caminando por la Tierra. Hay algo ahí de no querer admitir lo que Harold Bloom llama “La angustia de las influencias“. Negar las influencias. Hay una rebeldía edípica, en el sentido freudiano. Bien. En este sentido el respeto por la memoria, es una preparación para lo que vendrá. Hay que respetar por la memoria, sabiendo también que ella es ficcional, esencialmente poética, también lúdica. Lo que presentó la colega ilustra muy bien el papel del juego y del cuento en la elaboración infantil. En la elaboración infantil es un modo de decir. En la elaboración de todos nosotros. Se trata del valor del mito y la poesía. Ahora me viene a la mente, Neruda decía:

“Para qué sirven los versos

si no es para esa noche

en que un puñal amargo nos averigua.

Para ese crepúsculo,

para ese día,

para ese rincón roto,

en donde el golpeado corazón del hombre

se dispone a morir”.

Adorno dijo que después de Auschwitz no había más poesía. Es obvio que sigue habiendo poesía, y que incluso hubo poesía adentro de Auschwitz. Pero hay una verdad en lo que dijo Adorno. Hay una nueva forma de poder que busca una programación radical y absoluta, un orden de hierro. Y llama la atención. Uno siempre piensa que el Nombre del padre es algo que viene a poner orden. Cómo entonces la declinación del Nombre del padre daría lugar a un orden de hierro. ¿No? Como decía Chesterton: el loco no es el que perdió la razón sino el que perdió todo, menos la razón.

Voy a tratar de ir terminado, con un ejemplo. Nosotros vemos que hay fenómenos extremos que nos están golpeando. Vemos que hay una intuición en las artes, en el cine, una obsesión con la catástrofe. Y recuerdo aquí un libro que se llama “La sociedad de la nieve”, que es un libro sobre la tragedia de los Andes. Hay mucha gente joven acá, pero sabrán que hace muchos años hubo gente que cayó con el avión en los Andes, y tuvieron que comerse a la gente que estaba muerta. Es interesante el relato, porque es una situación de catástrofe, de desamparo absoluto, cuando sienten que han abandonado la búsqueda. Y es interesante ver cómo ellos con los fragmentos del desastre, arman cosas nuevas, les dan un sentido nuevo. Que alguien pueda transformar el asiento de un avión en botas para nieve, eso es una metáfora, es una operación metafórica. La metáfora no es solamente cuestión de palabras o de poesía. O que alguien pueda, de un acto terrible, como tener que comer personas muertas, transformarlo en un equivalente de la Comunión. Es una resignificación, que permite al sujeto, un buen uso, diría yo, del Nombre del padre, un servirse de eso para soportar lo que es imposible de soportar.

(*) Marcelo Barros es miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial del Psicoanálisis. http://www.marcelobarros.com.ar

 

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