“Una solución en la adolescencia”

Por Natalia Antelo (*)

A partir de la presentación de un caso de un adolescente intentaremos abordar el modo en que, desde el discurso analítico, se intenta alojar de un modo inédito un padecimiento en relación a la imagen del cuerpo. De un modo inédito, frente a la propuesta de otros discursos: hacer que eso funcione, quizás la propuesta del psicoanálisis consista, al saber de entrada que eso, por estructura, no anda, en cómo hacer ahí, cada vez, un invento.

En la adolescencia asistimos a la irrupción de un real, el real de la sexualidad, del no hay relación sexual, universal, que atraviesa a todos, pero del cual cada quien sale de modo singular, con sus trucos, y de lo cual, finalmente, nadie sale bien parado. El psicoanálisis aporta un modo inédito de tratar esta irrupción pulsional, que muchas veces puede implicar una oportunidad: hacerle lugar al sujeto.

N, un joven de 15 años, llega a la consulta luego de haber transitado por distintos especialistas. Frente al fracaso en tratar el sufrimiento por medio del saber medico, se decide la consulta con un analista.

Según los padres, el joven manifiesta estar disconforme con su cuerpo. A la madre le preocupa que su hijo diga que se ve gordo, a veces a la noche no come. Refiere haber hecho una consulta con una nutricionista y que, según ésta, el joven posee un peso y talla acorde a su edad. Recuerda que cuando N tenía 4 años ya, “era hiperactivo, era muy flaquito, no comía”. El padre dice estar angustiado y sorprendido por la percepción que N. tiene actualmente de su cuerpo, refiere que según su punto de vista, el hijo “tiene un cuerpazo”.

N. por su parte, refiere estar angustiado, con bronca. Comenta que es derivado por el psicólogo de la escuela luego de dos episodios en que golpea a dos compañeros de escuela, aunque no dice más al respecto.

Jugar- jugarse

En las siguientes entrevistas N. se presenta hablando poco. Es así que en una ocasión, aprovechando unos juegos que había a la vista le propongo jugar, y accede. Propone traer cartas que tiene en su mochila y enseñarme un juego: EL JODETE. Irá ganando una y otra vez, sin poder yo adivinar su truco. En entrevistas posteriores el juego ira quedando de lado, comenzando el relato de la escena del golpe. Dirá que fue a causa de haber escuchado que un compañero le dice “gordo”, lo carga. Otra similar situación se repite un año más tarde con otro compañero, pero esta vez la magnitud del golpe fue tal que culmino con su compañero hospitalizado. Dirá que en esos momentos le sobreviene una “necesidad de descarga”, un “fuego en el cuerpo”, “ganas de golpear algo o a alguien”.

Decíamos que en la adolescencia se trata de vérselas con el agujero que implica la irrupción de la sexualidad, pero de que se trata esto? De qué modo se pone en juego en la clínica? Al fracasar lo que en la infancia había funcionado, de lo que se tratara es de inventar modos de responder, poder ubicar los trucos, singulares, cada vez, como cada quien se las arreglara con lo imposible,

Mirar-ser mirado

N. llega a una sesión diciendo: “no sé que me paso, tengo la mano hecha mierda, tenia bronca” Comenta que le pego a la pared en su casa, lo que no solo le ocasionó heridas en la mano sino que por el ruido que produjo también convoco la alarma y atención de sus padres. Muestra la mano e intervengo: No miro esas cosas, no me gusta. (con un gesto de cubrirme los ojos). Al final de esa sesión, al despedirnos en la puerta, vuelve a mostrar, esta vez una foto de su celular, del momento posterior al golpe, esta vez intervengo exclamando: ¡Que insistencia! Se ríe.

Como pensar la presentación de N,? Qué estatuto darle a la mirada? A partir de aquí N despliega lo que le ocurre en su casa en relación a lo que llama “sus bajones”, no le ocurren en otros lugares, son en su casa, cuando está solo, dice no poder dormir porque se queda pensando en su físico. Surge un nuevo significante: OBESO,

En lo sucesivo aparece el conflicto en relación a las mujeres. y refiere “cuesta verme con una mina por el tema del físico”, dice “vas a ver que el tema del físico lo voy a meter en todos lados”, “para mí no me dejo querer o algo así (…) no quiero que me den afecto y a la vez sí, con ella (refiere a R, su novia) me cuesta menos”… “cuando estoy con ella no pienso en el físico, es cuando estoy solo” y agrega “Quería preguntarte: no se cómo hacer para no pensar en eso? A veces de vuelta estoy sin comer. Pienso en eso antes de ir al colegio, cuando la voy a ver, como si ella no me aceptara, aunque es todo lo contrario lo que me muestra, yo me veo de una manera y ella me ve de otra… yo me siento obeso y ella me ve todo lo contrario”

Sabemos con Lacan que el significante porta goce, y que del goce y del objeto es señal la angustia, único afecto que no engaña. La angustia como respuesta del sujeto ante el encuentro con un real. El significante “gordo” porta angustia, como escucharlo? Que denuncia? De qué exceso se trata? Cuál es la solución o el tratamiento que N hace de esto? Pareciera que de lo que se trata es del tratamiento de un exceso, exceso de pensamiento a partir del no comer; exceso que el significante “gordo” nombra, dando cuenta del modo singular de anudamiento entre simbólico y goce. En el análisis se tratara de constituir el síntoma a partir de articular significante y goce, de modo de que el sujeto encuentre soluciones menos sufrientes. 

(*) Psicoanalista. Equipo Niños – Turno Tarde. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / antelonatalia@hotmail.com

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