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“Escrituras del trauma”

Por Juan Mitre (*).

Como se sabe, para el psicoanálisis un acontecimiento no tiene que ser necesariamente terrible, horroroso o violento para ser traumático. El factor a subrayar es la sorpresa; algo que no se espera y sorprende. Para precisar podemos decir que se trata de la sorpresa en su vertiente de extrañeza. Un trauma tiene algo extraño que no puede terminar de explicarse; es un cuerpo extraño en el corazón del ser. Tiene la estructura topológica de la extimidad: algo extraño en el interior de uno mismo. Por lo tanto, tiene la forma que aquello que Freud llamó lo siniestro o lo ominoso.

Es importante recordar que en las primeras clases del Seminario 10 Lacan nos reenvía a leer a Freud, nos reenvía a leer “Lo ominoso”, nos reenvía a leer el cuento “El Hombre de Arena” de Hoffmann. El trauma tiene una relación con la angustia, es un acontecimiento al modo de una extraña-familiaridad que despierta angustia. Algo extraño en lo familiar. Por eso, como bien explica Germán García en Actualidad del Trauma: “El trauma no es algo extraño que se enquista, sino algo familiar que se ha vuelto extraño en el encuentro con un acontecimiento exterior.” [1]

Hay un buen ejemplo en el libro Efectos terapéuticos rápidos [2], que son unas conversaciones clínicas en Barcelona en torno a unos casos. Me refiero a “El hilo de la vida” [3]: donde se presenta el caso de una mujer que luego de los atentados terroristas en la estación de trenes Atocha, allá por 2004, mientras huía de la explosión cruza la mirada con un hombre con barba ensangrentado y sigue de largo. Refiere en las entrevistas que al verlo pensó: “es como un Cristo yaciente”. Su padre era un pastor, un padre “todo amor” como ella lo nombra. Un padre cristiano que decía que siempre había que ayudar al prójimo. Aquí tenemos la topología del trauma: ese acontecimiento exterior, la explosión, y ese ver a “un Cristo yaciente” que es ya su traducción subjetiva del hombre ensangrentado. Por lo tanto, ahí está la topología del trauma, donde lo externo es a la vez interno, donde lo extraño es al mismo tiempo íntimo.

El trauma se presenta siempre implacable y sin sentido, concerniendo a lo más íntimo del sujeto aun cuando aparenta ser totalmente exterior. El agujero del trauma señala al sujeto su naturaleza exterior-interior, su naturaleza éxtima. El modelo del toro es la estructura topológica que le corresponde, donde su exterioridad periférica y su exterioridad central constituyen una única región [4].

Lo singular y lo universal del trauma

El trauma solo existe para cada sujeto. Cada sujeto deberá dar cuenta que ha sido traumático para sí. Lo que ha sido traumático para uno puede no serlo para otro. El trauma porta un nombre preciso para cada uno y hay que distinguirlo del fantasma.

Situar lo real en casa caso, ayudar al sujeto a situar bien lo real en su caso, es parte del deber del analista. “Ir al encuentro del encuentro” [5], así definió Eric Laurent al deseo del analista. Ir al encuentro de aquel encuentro que ha sido decisivo para un sujeto. El analista por su formación, que es principalmente la de su propia experiencia de análisis, donde pudo cernir la causa de su propio horror, y así, ir más allá del horror al saber [6], se dirige por formación hacia la zona oscura del trauma, se dirige allí para detectar eso primero. Eso determinante en la función de la repetición.

Como señala Lacan en el Seminario 11: “Tenemos que detectar el lugar de lo real, que va del trauma al fantasma -en tanto que el fantasma nunca es sino pantalla que disimula algo absolutamente primero, determinante en la función de la repetición” [7]

Hacia lo real es la orientación lacaniana: trauma-angustia y síntoma-fantasma como respuestas, es la secuencia que armamos. Y las secuencias en psicoanálisis son importantes, puede no interesarnos la cronología, pero sí las secuencias… Que vino primero, que vino después; es decir, cómo se ordena un caso.

Al respecto, Lacan en su texto “Juventud de Gide, o la letra y el deseo” [8] -refiriéndose a la psicobiografía sobre Gide del psiquiatra Jean Delay- señala que el brillo de la investigación literaria de Delay se halla en el orden de la exposición, y que allí puede encontrarse la estructura misma del sujeto delineado por el psicoanálisis. Lacan señala como en el trabajo de Delay vemos ordenarse con todo su rigor -me gusta la expresión- la composición del sujeto.

Qué vino primero, qué vino después; teniendo en cuenta -por supuesto- que lo segundo puede resignificar lo primero, el “caso Emma” es paradigmático al respecto.

Conviene no olvidar que el trauma es ineliminable en la constitución de la vida subjetiva. A partir del trauma emergen las respuestas que se formularán en términos de síntoma o fantasma y que organizarán una vida. Es decir, un modo de gozar. Pero resaltemos, que en la causalidad lacaniana -en ese orden singular- siempre entra la decisión. Ante un encuentro con lo real una insondable decisión del sujeto se pone en juego. En este punto, no hay etiología sin decisión.

Una vida se “ordena” a partir de un trauma, a partir de un encuentro. Debemos aquí, para no confundirnos, señalar dos vertientes del trauma. Una, el trauma como acontecimiento. El cual aparece bajo la figura de la contingencia, de la Tyché negativa, de la irrupción de lo real en las representaciones simbólicas en las que un sujeto viene sosteniéndose; el acontecimiento contingente (que por otra parte se produce siempre necesariamente). Y la otra, que es de por sí primera, estructural, que está de fondo, el trauma como el agujero de la no relación sexual. La no relación sexual implica un universal del fracaso, es para todos. Por eso el “No hay”, desde esta perspectiva, es el trauma universal y constituyente para todo ser hablante. Luego estarán las huellas y las marcas de ese exilio en cada uno.

Philippe Lacadée en su texto “El niño lacaniano es el niño traumatizado” señala que “El niño lacaniano no conoce la despreocupación porque, debido al lenguaje, no hay para él simbiosis posible (…) sino que está siempre la discordancia del malentendido” [9].

Se nace malentendido… [10] El Otro para el niño es un significante vivo que con sus idas y venidas puede ser pacificante pero también traumático. El significante no es solamente simbólico o pacificador, sino que puede devenir solo y adquirir un goce fuera de sentido, y allí el niño no comprende nada… Por lo tanto, “exiliados y malentendidos” desde la cuna.

Escrituras: Paul Auster y Mishima

I – La escritura de Paul Auster se organiza alrededor del azar. Ya he mencionado este ejemplo [11] pero volveré sobre mis pasos para decir algo más.

Durante una entrevista Paul Auster cuenta que encontró en sus cuadernos de la adolescencia una frase escrita a sus 19 años: “El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo” [12]. Frase que, con una economía asombrosa de palabras, muestra la torsión exterior-interior de la realidad psíquica, como nos habla del desgarro entre las palabras, el cuerpo y el mundo: “El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo”. Cuenta que esa frase lo sorprendió al encontrarla, ya que sus libros se limitan, según él, a desarrollar esa idea.

En un texto autobiográfico titulado “¿Por qué escribir?” [13], relata algo anterior, un acontecimiento de sus 14 años: habían salido de campamento y una fuerte tormenta se impuso. Estaban en fila cruzando un alambrado y un rayo derribó a quien cruzaba delante suyo. Refiere que todavía recuerda la torsión de la boca de su compañero, el cuerpo que se tornaba azul y como él inmóvil sostenía su lengua bajo la lluvia. Ese hecho determinó su obra. Se trata de una obra dónde el azar y la contingencia (el accidente) tienen un lugar fundamental. Sus novelas se estructuran a partir de allí. Justo Navarro, en un bello prólogo a El cuaderno rojo [14], lo dice así:

“Una vez Paul Auster fue de excursión al bosque y encontró el idioma al que mucho más tarde trataría de traducir el mundo, el mundo cómico y aterrador: encontró el idioma del azar, el idioma de la casualidad y las coincidencias, el idioma de los encuentros fortuitos que se convierten en destino. Gracias al azar Paul Auster encontró la música del azar. Se hacía novelista mientras descubría la música del azar: traducía el mundo al idioma que había descubierto hacía muchos años en una excursión al bosque: el idioma del azar. Pero el idioma del azar es también el idioma de la fragilidad: hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres. Descubrir el poder del azar es descubrir que somos terriblemente frágiles y vulnerables, que dependemos de la casualidad, que una coincidencia estúpida puede destrozarnos en un segundo. Que una palabra estúpida oída por casualidad también puede fulminarnos. Recordar que las personas son terriblemente frágiles es una obligación moral: Paul Auster dice que es cazador de coincidencias por obligación moral.”

Lo que nos muestra el prólogo al Cuaderno Rojo es que la escritura del autor surge del trauma. De esa región oscura -pero también vital- parte su obra.

Lo real es sin ley, es decir, sin “porque”. Algunos niños nos lo recuerdan: sus “por qué” terminan dejándonos sin palabras. Del azar, de eso no se quiere saber. El ser hablante tiende a inventarse una idea de destino para velar los elementos contingentes de los que parte. El azar nos empuja a diestra y siniestra recordaba Lacan en el seminario 23 [15].

Paul Auster, como muchos escritores, dice que escribe porque no puede dejar de hacerlo, se le impone la escritura. Me parece interesante este punto para pensar la repetición anudada a la sublimación. Repetición e insistencia, tanto de los temas como del hecho mismo de escribir. Por su parte, Clarice Lispector decía que escribir es una maldición, pero una maldición que salva.

La sublimación, implica elevar el objeto a la dignidad de la cosa: implica hacer algo con el objeto a en tanto desecho. Podríamos también decir, que es un hacer con “lo des-hecho”. Convertir lo insoportable en otra cosa. Traducirlo y a partir de eso inventar una lengua. Luego se verá si esa obra (si esa lengua) funciona o no. Funciona, si resuena en el Otro.

2 – Mishima

El psicoanálisis partió del “encuentro sexual prematuro traumático” para luego indicar que lo traumático es el encuentro mismo con la sexualidad. La sexualidad hace agujero en lo real y nadie zafa bien del asunto [16] nos advierte Lacan en el prefacio a la obra de Wedekind.

Yukio Mishima, en su novela “Confesiones de una Máscara”, lo muestra con la claridad. Novela sobre el despertar sexual de un joven:

“Hacía ya un año que sufría la infantil angustia de poseer un curioso juguete. Yo tenía doce años de edad. Ese juguete aumentaba de volumen en toda oportunidad y parecía insinuar que, debidamente utilizado, podía ser fuente de delicias. Pero en lugar alguno tenía yo instrucciones escritas acerca de cómo utilizarlo, y, por eso, cuando el juguete tomaba la iniciativa en sus deseos de jugar conmigo, quedaba yo inevitablemente desconcertado. Alguna que otra vez, mi humillación y mi impaciencia alcanzaron tal punto de gravedad, que llegué a pensar que deseaba destruir aquel juguete. Sin embargo, nada podía hacer como no fuera rendirme al insubordinado juguete (…) y esperar acontecimientos pasivamente.” [17]

Aquí se muestra como en un principio el encuentro con la propia erección no tiene nada de autoerótico; más bien se trata de un goce ajeno, no propio. Aquí aparece el goce fálico como fuera-de-cuerpo. En el pequeño Hans, también en su medida y con otro dramatismo esto está presente. Al respecto, Lacan plantea: “¿En qué consiste entonces la fobia de Juanito? En el hecho que súbitamente constata que tiene un pequeño órgano que se mueve. Es perfectamente claro. Y quiere darle un sentido. Pero tan lejos como llegue eso, ningún niño experimenta jamás que ese pene le está adherido naturalmente. Considera siempre el pene como traumático. Quiero decir que piensa que pertenece al exterior del cuerpo.” [18] Otra vez la extimidad, lo extraño de lo íntimo. Lo traumático aquí es la extimidad del goce, el goce fuera de sentido.

Lo que no cesa de no escribirse

La escritura puede ser un tejido que circunscribe un trozo de real. Un modo de transitar el litoral de lo real. Algunas escrituras logran bordear ese agujero, bordear el agujero de lo que no cesa de no escribirse. Si se escribe tanto, si hay escrituras que proliferan y no se detienen, es porque hay algo que no cesa de no escribirse; es un modo de hacer con ello. Entiendo entonces la escritura como un modo de hacer con ese agujero y con ese exceso que nos habita como hablantes. En la “Nota Italiana” Lacan dice: “No hay relación sexual, quiero decir, relación que pueda ponerse en escritura” [19]; eso es lo que nos impulsa, para bien y para mal.

[*] Texto presentado en el Panel de las VIII Jornada del Espacio de Investigación en Psicoanálisis del Centro 1: Las escrituras del trauma, Centro de Salud Mental N°1 “Dr. Hugo Rosarios”, junio 2016. Publicado en el Sigma, Sección Hospitales, 6/7/2017: www.elsigma.com

Notas

[1] García, G., Actualidad del trauma, Grama, 2005

[2] Miller, J. A. y otros, Efectos terapéuticos rápidos, Paidós, 2005

[3] Caso presentado por Araceli Fuentes en Efectos terapéuticos rápidos, op. cit. p. 19

[4] Laurent, E., “El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares, pero no sin principios” en La urgencia generalizada 2, Grama, 2005

[5] Laurent, E., “El caso, del malestar a la mentira” en Cuadernos de Psicoanálisis, Bilbao, Eolia, n. 26, junio 2002.

[6] Lacan, J., “Nota italiana” en Otros escritos, Paidós, 2012, p.329

[7] Lacan, J., El seminario libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, p. 68

[8] Lacan, J., “Juventud de Gide, o la letra y el deseo” en Escritos 2, Siglo veintiuno editores

[9] Lacadée, P., “El niño lacaniano es el niño troumatizado” en Psicoanálisis inédito:

[10] Lacan, J., “El malentendido”, clase del 10 de junio de 1980 de su seminario. Publicado en francés en Ornicar? 22/23, 1981. En español en Psicoanálisis inédito: http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/06/jacques-lacan-el-malentendido-10061980.html

[11] Mitre, J., “Inventar una lengua” en La adolescencia: esa edad decisiva, Grama 2014

[12] Cortanze, G., Dossier Paul Auster, Anagrama, 1996, p. 77

[13] Auster, P., “¿Por qué escribir?” en Ensayos completos, Booket, 2013

[14] Auster, P., El cuaderno rojo, Anagrama, 1994

[15] Lacan, J., El Seminario libro 23, El Sinthome, Paidós, p. 160

[16] Lacan, “Despertar de primavera” en Otros escritos, Paidós

[17] Mishima, Y., Confesiones de una máscara, Editora Nacional, Madrid, 2002

[18] Lacan, J., “Universidad de Yale, Seminario Kanzer” en Revista Lacaniana 19, Grama, 2015

[19] Lacan, J., “Nota Italiana”, op. cit., p. 330

(*) Psicólogo. Psicoanalista. Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Instructor de residentes de salud mental en el hospital Manuel Belgrano. Responsable del seminario “Clínica con Adolescentes” en el colegio de psicólogos de la provincia de Buenos Aires. Autor del libro “La adolescencia, esa edad decisiva” (GRAMA EDICIONES).

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“Elegí hablar del trauma del siglo…”

Lic. Marcelo Barros (*)

Desgrabación corregida por el autor de su participación en la jornada “Las escrituras del trauma”, 1 de Junio de 2016. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de Salud Mental Nº1 “Dr. Hugo Rosarios”. CABA.

Agradezco la invitación a participar de estas jornadas. Su título me parece un título feliz, muy bien elegido. Elegí hablar del trauma del siglo. Nuestro siglo por ahora parece tener dos orígenes muy distintos. Uno es la caída del muro de Berlín en noviembre del 89, que marca el fin de la Guerra Fría y la profundización de un discurso que ya estaba desde antes, desde mucho antes, pero que se profundiza allí. Un discurso, digamos, que pone en juego una nueva forma de poder, y un poder que se presenta como post político, acéfalo, el poder acéfalo del mercado cuya una idea no es nueva.

En 1776 Adam Smith usa una metáfora: los conflictos que genere el libre juego de las fuerzas económicas habrán de ser arreglados por “la mano invisible del mercado”. No hace falta ninguna autoridad política, ninguna autoridad exterior al mercado. Y esto es fundamental porque tiene que ver con la declinación del Nombre del Padre, que es esencial al discurso capitalista. Se instala entonces a partir de la caída del muro de Berlín, una idea que está expresada por Francis Fukuyama que se llama “El fin de la Historia”, y es la idea de que viviríamos en una era donde el conflicto ha concluido, una era post conflictiva, donde las categorías, de izquierda, de derecha, las ideologías, serían nociones perimidas. Supuestamente estaríamos en un nuevo orden simbólico y tenemos que dejar eso que ya pasó, esos conflictos que afligían al sujeto. Eso es algo que hoy en día está bastante presente en diversas formas de negacionismo. Hace poco en un congreso que hubo en Río de Janeiro, el Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, un colega francés que se llama Guy Briole, dijo que el hombre del siglo XXI vive como si Hiroshima, Auschwitz, las dos guerras mundiales, no hubiesen existido. Es una crítica a esta idea de una nueva subjetividad que propone Fukuyama.

El segundo comienzo de nuestro siglo XXI es muy distinto. Está referido al atentado de las Torres Gemelas del 11 de septiembre y cuestiona de algún modo esa idea que se profundizó y continúa, esa idea conveniente al neoliberalismo de que vivimos en una era post conflictiva, en una época donde el poder asume una forma post política. Ese episodio nefasto marca un retorno, el retorno de algo, no sabemos muy bien qué, pero marca que las cosas no andan del todo bien.

Esto me recuerda que volver a hablar del trauma es volver a hablar de Freud. Es tomar conciencia de que no nos hemos sacado a Freud de encima. No nos hemos sacado a Freud de encima, no nos hemos sacado al padre de encima. Como decía Lacan en el seminario IV “el padre no es tan simple”. Tal vez es algo que tiene que ver con los orígenes. Y Freud, si bien la teoría traumática marca el inicio de su teoría y pareciera que después la abandona, él la retoma sobre el final de su enseñanza, particularmente en “El Moisés y la religión monoteísta”, que no es un título cualquiera. Él retoma la teoría del trauma allí, y dice algo muy interesante. El trauma tiene efectos positivos, como efectos negativos. Los efectos positivos son los efectos que produce el trauma cuando el trauma es lo menos negado posible. Cuando el sujeto se puede articular al trauma de alguna manera, a la experiencia traumática, y predominan los procesos de elaboración. En cambio, los efectos serán tanto más negativos en cuanto predominen los procesos de negación y de desconocimiento.

Nosotros hoy en día nos enfrentamos quizás con una nueva forma de poder, con una forma post patriarcal del poder, que implica una nueva forma de desconocimiento. Vean ustedes que yo recién mencionaba esta idea del discurso neoliberal, de que las viejas categorías están caducas. Pues bien, hay gente que piensa que Freud es caduco, que está pasado de moda, que Marx es caduco, que Lacan incluso, el primer Lacan, siempre lo que es primero parece que está pasado de moda, y que lo único que tiene valor es lo último en salir, la última novedad. Uno sabe que compra un gadget y salió del negocio y ya es viejo. Como decía Marx, las viejas ideas perecen y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Y esto que dice en 1848… Hago de paso un comentario importante: quien piense que el capitalismo es algo conservador no entendió nada. El capitalismo es cualquier cosa, menos conservador. No conserva absolutamente nada. Por eso Max Weber dijo que el principal enemigo del capitalismo es la tradición. Cualquier tradición, cualquier cosa que tienda a la preservación y al trascender.

Entonces, hay nuevas formas de desconocimiento. A pesar de que Lacan nos dijo que hay autores que no pueden ser superados, sin embargo uno va viendo como hay ciertos autores que son descartados por el culto a la novedad. Pero la verdad del culto de la novedad es que en realidad es un culto del descarte. Descarte de ideas, de categorías de pensamiento, de autores. Descarte de personas, esencialmente. De especies animales y vegetales. Ese descarte que va haciendo que el problema ambiental en nuestra actual cultura nos amenace con una catástrofe posible. Y pareciera que los poderes establecidos no lo perciben. Muy bien, Lacan dice que este desconocimiento va a ser progresivo. Dice en “La Ética del psicoanálisis” que las ciencias humanas se van a caracterizar por “un desconocimiento sistemático de los fenómenos de violencia”. Y llama la atención que Lacan diga eso: vamos a desconocer los fenómenos de violencia. Por ejemplo, dentro de dos días va a haber una marcha por este tema. Cuando venía para acá en un taxi, decían en la radio que del año pasado a éste se duplicaron las estadísticas de denuncia por fenómenos de violencia. Yo no sé si será un fenómeno mediático o qué, pero pareciera haber un aumento de la violencia de género. Si vemos solamente los medios no de acá, sino del mundo, pareciera un fenómeno que va en aumento. Y en general suele atribuírselo al patriarcado, a los estereotipos, etc. Ahora, nadie parece reparar en lo paradójico. Sin duda el patriarcado influye, pero sería difícil decir que el patriarcado esté en ascenso. Siempre hay bolsones de poder patriarcal en todos lados y eso sigue existiendo. No es que el patriarcado dejó de ser. Pero no podríamos decir que el patriarcado sea más fuerte hoy que hace cincuenta o cien años atrás. Y sin embargo este fenómeno, el de la llamada violencia de género, crece. A pesar del cambio sustancial que ha habido en la posición de las mujeres dentro de la sociedad. Es enigmático. Y cabe preguntar si la raíz de estas cosas está en el patriarcado o en un fenómeno nuevo.

Daría otro ejemplo. También uno podría decir que el Holocausto en Europa se debió al antisemitismo secular que había en la cristiandad europea durante siglos. Eso debe haber estado presente. Sin embargo muchos notaron que había un fenómeno nuevo, que el nazismo implicó algo nuevo, agregado, una forma de poder nueva ligada a la producción, y a la programación, porque se estableció un programa de muerte. Y esta programación es algo que Lacan señala como esencial al sujeto contemporáneo. Lacan dice -y lo dice en los años 50- en el seminario de la Ética del Psicoanálisis, que tendríamos que traducir el imperativo categórico kantiano al lenguaje, dice él, de la electrónica y la automatización. No existía lo digital en esa época. Pero vale todavía más. Tendríamos que traducir el imperativo categórico al lenguaje de la tecnocracia moderna. Y ese imperativo sería, dice Lacan, “Actúa de tal modo que tu conducta pueda ser programada”.

Ahora bien, el trauma es justamente lo que está fuera del programa. Es una contingencia, seguramente una contingencia necesaria. Una contingencia de la que nadie escapa, pero no deja de ser una contingencia. Es una tyche, algo del orden de una tyche, opuesta al automaton. Creo que la colega habló bastante bien sobre los aspectos metapsicológicos del trauma, de eso que escapa al programa del principio de placer, y que, me gusta una figura de Sándor Ferenczi quien decía que el trauma es la caída del “a mí no me va a ocurrir”. El trauma es la caída del “a mí no me va a ocurrir”. O en términos de Cesar Vallejos que tiene un poema que dice “Hay golpes en la vida que son como del odio de Dios”. Suena jodido eso. (risas) Pero es verdad que hay golpes en la vida que parecieran ser como del odio de Dios. Por supuesto, ya hay algo fantasmático, ahí, una visión casi paranoide. Pero el trauma implica la ruptura de una promesa, la ruptura de la palabra del Otro. Es lo que está contenido en la palabra “Versagung”, que los post freudianos tradujeron como frustración, que es lo que vino a ocupar el lugar del suceso desencadenante, es decir, para Freud, y que Lacan tradujo muy bien como “ruptura de palabra”. Una traducción posible de Versagung es “ruptura de palabra”. Es la ruptura de la palabra paterna que nos dice “a vos no te va a ocurrir”, de los padres que proyectan su yo ideal sobre el chico, como dice Freud en “Introducción al Narcisismo” y quisieran ahorrarle al niño las miserias de la vida por las cuales ellos tuvieron que pasar. Bien. Pero también es cierto que quizás no es muy feliz que se las ahorren tanto. Eso hace pensar en el sujeto actual tan alejado de la castración. Y tan alejado de la dimensión de la memoria.

Hay algo que si uno sigue a Lacan, uno tendría que decir: el Edipo es algo caduco, una “ensoñación freudiana” como dice en el seminario XVII. Hay puntos en los que me cuesta ser lacaniano del todo, lo tengo que decir. (risas) La resistencia del sujeto contemporáneo a reconocer que los sucesos del pasado inciden sobre su presente y sobre su futuro. Porque el trauma es lo que viene, lo que va a venir, pero eso que va a venir, es algo, nos dice Freud, que está íntimamente ligado a algo que fue y no ha dejado de ser. Nos dice que en el inconsciente los dinosaurios siguen caminando por la Tierra. Hay algo ahí de no querer admitir lo que Harold Bloom llama “La angustia de las influencias“. Negar las influencias. Hay una rebeldía edípica, en el sentido freudiano. Bien. En este sentido el respeto por la memoria, es una preparación para lo que vendrá. Hay que respetar por la memoria, sabiendo también que ella es ficcional, esencialmente poética, también lúdica. Lo que presentó la colega ilustra muy bien el papel del juego y del cuento en la elaboración infantil. En la elaboración infantil es un modo de decir. En la elaboración de todos nosotros. Se trata del valor del mito y la poesía. Ahora me viene a la mente, Neruda decía:

“Para qué sirven los versos

si no es para esa noche

en que un puñal amargo nos averigua.

Para ese crepúsculo,

para ese día,

para ese rincón roto,

en donde el golpeado corazón del hombre

se dispone a morir”.

Adorno dijo que después de Auschwitz no había más poesía. Es obvio que sigue habiendo poesía, y que incluso hubo poesía adentro de Auschwitz. Pero hay una verdad en lo que dijo Adorno. Hay una nueva forma de poder que busca una programación radical y absoluta, un orden de hierro. Y llama la atención. Uno siempre piensa que el Nombre del padre es algo que viene a poner orden. Cómo entonces la declinación del Nombre del padre daría lugar a un orden de hierro. ¿No? Como decía Chesterton: el loco no es el que perdió la razón sino el que perdió todo, menos la razón.

Voy a tratar de ir terminado, con un ejemplo. Nosotros vemos que hay fenómenos extremos que nos están golpeando. Vemos que hay una intuición en las artes, en el cine, una obsesión con la catástrofe. Y recuerdo aquí un libro que se llama “La sociedad de la nieve”, que es un libro sobre la tragedia de los Andes. Hay mucha gente joven acá, pero sabrán que hace muchos años hubo gente que cayó con el avión en los Andes, y tuvieron que comerse a la gente que estaba muerta. Es interesante el relato, porque es una situación de catástrofe, de desamparo absoluto, cuando sienten que han abandonado la búsqueda. Y es interesante ver cómo ellos con los fragmentos del desastre, arman cosas nuevas, les dan un sentido nuevo. Que alguien pueda transformar el asiento de un avión en botas para nieve, eso es una metáfora, es una operación metafórica. La metáfora no es solamente cuestión de palabras o de poesía. O que alguien pueda, de un acto terrible, como tener que comer personas muertas, transformarlo en un equivalente de la Comunión. Es una resignificación, que permite al sujeto, un buen uso, diría yo, del Nombre del padre, un servirse de eso para soportar lo que es imposible de soportar.

(*) Marcelo Barros es miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial del Psicoanálisis. http://www.marcelobarros.com.ar

 

“Del trauma a la letra en tiempos de infancia”

Por Luján Iuale (*)

Trabajo presentado en la jornada “Las escrituras del trauma”, 1 de Junio de 2016. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de Salud Mental Nº1 “Dr. Hugo Rosarios”. CABA.

Trauma y escritura

Quiero agradecer en primer lugar la invitación a participar de este panel y resaltar la importancia del título de estas jornadas. Por un lado, el título retoma el carácter fundante que tuvo para el psicoanálisis la noción de trauma; y por otro lado destaca la idea de plantear en plural las “escrituras” del mismo.

En este sentido considero que el título nos conduce a pensar las relaciones entre escritura y trauma, introduciendo la posibilidad de establecer una diferencia entre el trauma y su escritura. Podríamos partir de un supuesto: no sería el mismo tiempo el del trauma y el de la escritura del trauma. Considero que esta distinción se vuelve crucial para pensar muchas problemáticas de infancia, tanto si tomamos en cuenta la dimensión constitutiva de lo traumático para el ser hablante, como si tomamos la vertiente de los traumas contingentes o si se quiere, de las contingencias del trauma.

Por otro lado, en una época que empuja a abolir la subjetividad o a reducirla a aquello que puede ser incorporado en los parámetros de la ciencia, una época que lee a la infancia desde un catálogo de trastornos que ha cobrado forma de epidemia, recuperar la noción de trauma se vuelve crucial para una ética que pretende no omitir algo esencial de la condición humana: el padecimiento subjetivo en su diversidad clínica. ¿De qué sufre un niño o la familia que consulta? No es una pregunta carente de valor. Por el contrario podemos sentir todas sus improntas si la contrastamos con otra que se presenta bajo el modo de una aserción diferente ¿Qué tiene este niño? En la primera no es difícil poder vislumbrar en el horizonte aquello que no se ha podido tramitar y que retorna, generando sufrimiento. En la segunda, lo que aparece en el horizonte es la enfermedad, el déficit y lo que hay que regular para que los cuerpos se adapten, tengan tales habilidades, se comporten. En la primera no se descuenta a los padres, no para culpabilizarlos, ya que sabemos que eso sólo enquista goces, sino para no desconocer que el cachorro humano no deviene sujeto sin el Otro. Sin esos otros cuerpos que en presencia, bajo las formas primeras de la voz y la mirada, le hacen borde y sostén al cuerpo de niño. Por eso el Lacan de 1975, se vuelve más llano cuando define por ejemplo al inconsciente como el modo en que cada uno está impregnado por el lenguaje. Y propone que de lo que se trata es de pesquisar como a cada quien se le ha instilado un modo de hablar, destacando el valor que tiene el modo en que fue acogido un niño en el deseo de los padres. Ese modo de hablar que se instila viene del otro de los primeros cuidados y puede dar lugar a todo tipo de malentendidos entre lo dicho y lo escuchado. Es en y por el encuentro de cuerpos y, es por el encuentro entre cuerpos y palabras que acontecen todos los derroteros, las conquistas, las batallas, los tropiezos y las oportunidades.

¿Qué nos dejó Freud respecto del trauma?

Freud partió del trauma como representación patógena, la cual al ser investida produciría displacer. Estas representaciones inconciliables se constituyen en tales por dos motivos: el contenido sexual de las mismas; y la investidura que reciben bajo la forma de monto de afecto. Freud piensa un aparato psíquico regido por el principio de Constancia que intenta mantener baja la suma de excitación, mediante el desplazamiento del afecto. Por tanto el trauma estará ligado para Freud desde los inicios al factor cuantitativo: ya en 1887-88, en lo que se conoce como Prólogo y notas de la traducción de J. M. Charcot definirá al Trauma como “un aumento de excitación”(1) que el aparato (aquí todavía sistema nervioso) no es capaz de tramitar suficientemente. Sabemos que el niño está amenazado por esos aumentos de excitación, y sabemos también la importancia crucial que tiene la presencia de un otro que lea y signifique aquello que le acontece al cuerpo.

1920 inscribe para Freud la caída del principio de placer e instaura a la pulsión de muerte en el centro de la escena. El Trauma será retomado como un aumento de excitación que rompe la barrera antiestímulo; y enlaza a los sueños de las neurosis traumáticas con los sueños que los pacientes traen a los análisis: nada queda en ellos de la realización de deseos, sino que éstos obedecen a la compulsión de repetición, en tanto “nos devuelven el recuerdo de los traumas psíquicos de la infancia” (2). El retorno bajo la forma de la compulsión de repetición da cuenta del intento fallido de ligar el quantum pulsional, y deja en evidencia un monto de energía que invade al aparato y que no se tramitará por la vía asociativa, permaneciendo como algo disruptivo: quantum no ligado. Eso no ligado Freud lo ubica en relación a lo infantil. En la compulsión de repetición pareciera activarse una marca que no es susceptible de transcripción. Un antecedente de esta formulación se encuentra en 1918 en el historial del Hombre de los lobos (3), donde a propósito del sueño Freud circunscribe una serie donde enlazará la temporalidad del trauma (en la temprana infancia) a la castración en tanto visión de algo terrorífico, que se instaurará como versión gozosa del padre. Ese sueño no permite recordar el trauma sino que activa (este es el término empleado por Freud) el “caos de huellas de impresiones inconscientes” relacionados con la escena primaria. Estas impresiones obedecen a la atemporalidad propia del inconsciente y operan como si fuesen una “vivencia reciente”. Hay allí algo del orden de la actualización del Trauma que no viene por la vía de la rememoración.

Produce una diferenciación entre huella mnémica (susceptible de ser recordada) y las huellas de impresiones, cuyo retorno comienza a perfilarse en torno a lo no ligado: caos de huellas de otro orden igado. Eso no lión, y sabemos también la importacia crucial que tiene que en 1926 (4), tomarán la forma en que se inscriben los “acontecimientos impresionantes”, los cuales cobran valor de trauma por producirse a edades tempranas. Ya en la carta 52 Freud ubicaba el polo perceptivo como lugar donde no había huella posible porque percepción y memoria se excluyen. Luego ubicaba a los signos de percepción los cuales ya eran vestigios de lo percibido pero no eran aún huellas mnémicas, y lo que los caracterizaba era la simultaneidad. Para Freud el inconsciente propiamente dicho es el de las H Mn y es allí donde operarían las leyes del proceso primario. Ahora bien, cabría preguntarse el estatuto de los signos de percepción, ya que Freud dirá que algunos tienen luego transcripción y otros no.

En este sentido, me interesa situar con precisión un giro interesante que Freud le va a dar al Trauma a partir de 1939, tanto en “Moises y la religión monoteísta” como en “Esquema de psicoanálisis”. En ambos textos va a continuar sosteniendo el factor temporal en la determinación del trauma como tal, y dirá que no se trata de la necesariedad de la existencia de una vivencia terrible, sino que lo traumático estará dado por la respuesta que el sujeto da a la emergencia de ese quantum. Él hablará de reacciones extraordinarias y anormales ante requerimientos que alcanzan a todos los individuos. Y agrega: “Los traumas son vivencias en el cuerpo propio o bien percepciones sensoriales, las más de las veces de lo visto y lo oído, vale decir vivencias e impresiones” (5). Es a partir de esa marca de goce, que el cuerpo se humaniza en tanto puede volverse ajeno. Se universaliza la función del trauma. Freud mismo en “Esquema de psicoanálisis” dice que “no hay ningún individuo humano al que le sean ahorradas tales vivencias traumáticas…” (6) haciendo referencia a las exigencias pulsionales y a los estímulos exteriores.

Del trauma de lalengua a las contingencias traumáticas

Con Lacan tendremos una reformulación del trauma, sobre todo si tomamos en consideración la última parte de su enseñanza. Es el viraje introducido en el Seminario 19, a partir del equívoco que nace en una de sus charlas en Sainte Ann. Lapsus de su parte al equivocar el diccionario de psicoanálisis con el de filosofía, el Lallande; y lo que uno de sus oyentes escucha y le devuelve: lalengua, escrito todo junto. Lacan acuña a partir de ese momento ese neologismo para nombrar a la lengua materna y se referirá a ella jugando con la equivocidad que ella porta, desde el diccionario del cual partió el equívoco, a los primeros balbuceos del niño, laleos que son inaugurales y que anteceden a la posibilidad de hacerse sujeto de discurso. En las Conferencias de Estados Unidos dirá que siempre sufrimos una lengua entre otras, y que eso es lo que hace traumatismo.

Si tuviésemos que escribirlo lógicamente podríamos formularlo de la siguiente manera:

formula iualeNo existe un humano que no quede afectado por el trauma de lalengua.

Entiendo aquí como afectación del trauma, a aquellas primeras trazas que inauguran el encuentro del viviente con lalengua, signos de percepción de lo visto y lo oído. Freudianamente podríamos decir que se trata de huellas de impresiones que introducen la desregulación de lo natural, porque instauran una forma de goce en el cuerpo, que es lógicamente anterior a la behajung. Eso no conlleva necesariamente a que el sujeto se constituya en tanto que sujeto del inconsciente, pero nos fuerza a pensar respuestas subjetivas al Trauma que se diferencien de la neurosis.

En este sentido, no es posible para el campo de lo humano, sustraerse a la afectación del trauma de lalengua, el cual deja trazas. Pero las respuestas en un segundo tiempo pueden ser radicalmente diversas: desentenderse respecto de la misma (ni afirma, ni niega), que esa traza devenga significante pero no letra, significante que se congela y se petrifica; o borrarla y en esa borradura misma, alienarse dando lugar por un lado a la extracción del S1 y a su inscripción, dejando un resto fuera de cuerpo. Cada una de estas posibilidades, implican una relación diferente al trauma y por ende, a los intentos del aparato de tramitarlo. Esto no es sin consecuencias para el cuerpo, en términos de intrusión de goce de lalengua y de modos de tramitar ese real intrusivo.

Por otro lado es preciso discernir el trauma de lalengua como trauma primero, de las contingencias traumáticas, donde también se pondrá en juego la posibilidad o no de escritura del trauma. En tiempos de infancia incluso hay traumas que ni siquiera son del niño, sino de la historia parental, y que han quedado sin tramitación, retornando en el cuerpo del niño, como estigmas del Otro.

Por otro lado, Lacan establecerá cada vez con mayor precisión la diferencia entre significante y letra. Mientras el significante es del orden de lo escuchado, la letra es de otra calaña, y constituye el orden de lo escrito. Lacan dirá que el significante es primero, y que la letra siempre es segunda. Pero que es preciso que se instituya esa escritura, para poder acceder a algo de lo que fue escuchado. En Lituraterra, se preguntará ¿cómo es posible que el significante se precipite en letra?, dando lugar a que no todo puede escribirse.

Tomaré a continuación un caso para pensar las contingencias traumáticas, y la posibilidad de subjetivación en el marco mismo de la cura.

Del cuerpo enfermo a la subjetivación

Quiero compartir con ustedes un tramo del encuentro con una niña, que ya lleva 4 años de tratamiento.

Ana llega a consulta con un diagnóstico de epilepsia atípica, luego de haber pasado por una infinidad de diagnósticos posibles (uno de ellos era que padecía un síndrome llamado de Landau-Kleffner, que luego se descartó). Las convulsiones se habían iniciado aproximadamente al año y medio y se producían por la noche. Los padres resaltarán que desde bebé lloraba mucho, le costaba dormir y les llamaba la atención la demora en la adquisición de lenguaje. Es impactante escuchar el derrotero de estos padres en pos de encontrar un tratamiento eficaz; porque “no respondía a la medicación”. Pasaron por varios neurólogos, y por muchos esquemas de medicación, señalando que es probable que el cambio de presentación de lo que hubiese podido ser una epilepsia benigna de la infancia, derivó en un cuadro más complejo por los efectos adversos producidos por un fármaco en particular (Valcote). Durante esos años, los padres habían preguntado a los médicos tratantes, sobre la pertinencia de abrir un espacio psicológico, recibiendo como respuesta que el problema de su hija era orgánico. El “no responde a la medicación” se refería a que en el electroencefalograma seguían apareciendo descargas que no lograban ser dominadas. Esto le había hecho ganarse el mote de “bicho raro”, porque no respondía nunca de un modo esperable.

En aquel entonces, su lenguaje se reducía a una ecolalia donde no aparecía nada de lo propio. Se nombraba en tercera persona y el cuerpo se presentaba desregulado. Arrojaba objetos, tenía episodios de ira, se sacaba la ropa y podía ingerir cualquier líquido que estuviese a su alcance. Los padres se la pasaban cerrando puertas para evitar toda una serie de riesgos. Aún se despertaba varias veces a la noche, situación que los tenía verdaderamente exhaustos.

Dado que el tipo de descargas que presentaba producía alteraciones en el habla y en la conducta, era muy difícil para los padres discernir algo en la niña que escapara a esa etiología. Durante todo el primer tiempo del tratamiento fue preciso distinguir los berrinches, frecuentes en Ana, de aquellas situaciones en las cuales podía tratarse de una descarga. “Tuvo una crisis” era la frase repetida, caballito de batalla, significante congelado que no permitía otros juegos de escritura. Empiezo a advertir que, en verdad, Ana hacia cosas de una niña de dos años, y decido significar de este modo parte de su presentación. Tal lectura dirigida tanto a la niña como a los padres tuvo consecuencias: cuando el berrinche fue leído como un modo de afirmarse comienza a regular el cuerpo. Sugiero a los padres además, que hagan algo que para ellos no sería sencillo: que retiren la mirada en determinados momentos disruptivos. De desparramar y tirar pasa a armar escenas de juego: primero comienza apilando objetos diversos en una bandeja, delimitando un primer borde. Luego pondrá a dormir a los muñecos en el diván, al tiempo que voy nombrando aquello que, por las noches, pasa en su cuerpo. Ana introducirá al médico y al hospital. Con un relato cargado de dislalias, dará testimonio de lo que acontece por las noches: el miedo. Empieza un proceso de asunción del yo y de despliegue de lenguaje. Cuando hablaba en tercera persona, yo formulaba la pregunta:

– ¿Quién quiere la muñeca?

-Ana

-¿Quién es Ana?

-Yo.

El diván luego será una montaña rusa, por donde se deslizarán los muñecos. Las mejorías son notorias.

En ese período Ana comienza a interesarse por el grafismo, pasa del desborde de plasticola a tachones de descarga. Para luego comenzar a trazar figuras amorfas a las cuales les asignará significación. Actualmente dibuja preferentemente animales, los cuales están mucho más logrados que la figura humana, la cual aún le cuesta realizar.

Tras el último cambio de neurólogo, este había reducido la medicación a un único fármaco (Ospolot) y luego de dos años de tratamiento y aunque había aun descargas, el neurólogo decide empezar a retirárselo. Dice que el electroencefalograma sigue dando patológico pero que Ana está mejor.

Las letras se vuelven signos a ser leídos: del garabato a la letra

Ana está cursando su escolaridad en una escuela especial y el año pasado empezó a reconocer algunas letras. Intentaba entonces escribir su nombre, y estaba muy interesada por la lecto- escritura. Comenzó con una demanda imperiosa: quería que le lean. En las sesiones, era un libro tras otro, al principio, indiscriminados. Señalo que vamos a leer algunos y le dejo a ella la elección. Paulatinamente empieza a aparecer una selección que le es propia. El primer libro que empieza a pedir con más frecuencia es “Miedo”, de Graciela Cabal. Cuento que empieza emulando “Había una vez un chico que tenía miedo, mucho miedo tenía ese chico. Miedo a la oscuridad porque en la oscuridad crecen los monstruos. Miedo a los ruidos fuertes porque te hacen agujeros en las orejas. Miedo a las personas altas porque te aprietan para date besos. Miedo a las personas bajitas porque te empujan para arrancarte los juguetes. Mucho miedo tenía ese chico”. El cuento propone una serie de recetas que no funcionan: el jarabe del doctor, los retos del papá, las burlas del tío. Hasta que finalmente el encuentro azaroso con un perro le cambia la vida. Un perro que tenía mucha hambre y se come los monstruos que crecen en la oscuridad, los ruidos fuertes, los empujones, los retos, las burlas. Y así, concluye que el chico que tenía miedo ya no tiene más miedo, tiene perro. Ana destacará la figura de los monstruos que asustan en la oscuridad, allí se detiene, los señala, y sonríe cuando el perro se los devora.

El segundo que elegirá repetidamente es “Emily en el país de la mufa”, el cual trata de una niña que se pone berrinchuda, le grita a los padres, y se encierra en la habitación. Cuento que la pintaba de cuerpo entero. Aunque ahora ha tomado un poco de distancia porque dice enojada “¡Me quiero portar bien!” La risa aparece cada vez que Emily saca la lengua, o habla d mal modo. Pero el cuento ofrece una salida. Cuando Emilie se encuentra con un niño que llora de tristeza quiere ayudarlo a salir del país de la mufa, y ayudando a otro, ella misma logra salir.

Por último, el tercero se llama Con locura, y con pocas frases, juega con el equívoco. La historia es entre un gato y un pez. Aquí lo interesante es que Ana pesca la equivocidad y la doble intención, porque el gato le dice “Yo te quiero ¿y tú a mí?” a medida que se va acercando cada vez más. Se observa la desconfianza y el temor del pez. Finalmente se hacen amigos porque el gato lo arroja al mar. Este libro, en imprenta mayúscula, le permite con un mínimo soporte reconocer sílabas y algunas palabras. En una de las sesiones nos sorprendemos juntas cuando logra reconocer no ya letras aisladas sino algunas sílabas, y Ana dice emocionada: “Estoy leendo”.

A partir de ese momento, cuando suena el timbre no contestan ni los padres, ni la acompañante terapéutica, sino que se oye clarito como el agua a una niña que dice, al otro lado, en la otra orilla: “soy yo, Ana”.

Este año ya ha empezado a escribir, logrando ese salto crucial que implica poder enlazar letras y estableces escansiones. Se la nota feliz ante cada logro.

El neurólogo le dirá a los padres que en sus años de trabajo nunca vio un caso que, habiendo estado tan complicado, haya tenido esa evolución. La rareza se resignifica: pasaje del “bicho raro” a una niña que se ha subjetivado.

Considero que esto fue posible por la posición de los padres, quienes pudieron suponer que allí había alguien a quien dirigirse; por el criterio riguroso del ultimo neurólogo quien más allá de lo que no se ajustaba en el electro apostó a lo que la clínica le devolvía; y al trabajo compartido entre colegas (sobre todo con la fonoaudióloga y el equipo escolar) en pos de no olvidar que se trataba de una niña y por ende, de un sujeto por venir.

La contingencia traumática en este caso, signó el cuerpo y el lazo al otro de un modo peculiar. El encuentro con el campo psi, puede habilitar o enquistar pero abrir la puerta para ir a jugar, retoma la condición de niño más allá de la organicidad. El cuerpo se constituye en el jugar mismo: en ese poder hacer con lo que se tiene, algo.

Para terminar quiero compartir con ustedes una frase de Agamben que dice: “la historia de los hombres no es quizá otra cosa que el incesante cuerpo a cuerpo con los dispositivos que ellos mismos han producido: antes que ninguno, el lenguaje (…) así la subjetividad se muestra y resiste con más fuerza en el punto en que los dispositivos la capturan y la ponen en juego. Una subjetividad se produce donde el viviente, encontrando el lenguaje y poniéndose en juego en él sin reservas, exhibe en un gesto su irreductibilidad a él. Todo el resto es psicología, y en ninguna parte en la psicología encontramos algo así como un sujeto ético, una forma de vida”.

Notas

1)  Freud, S: Prólogo y notas de la traducción de J. M. Charcot. p 171-172

2)  Freud, S: Más allá del principio del placer. p 32

3)  Freud, S. De la historia de una neurosis infantil (el “Hombre de los lobos”) p 36-42

4)  Freud, S: ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? p 202

5)  Freud, S: Moisés y la religión monoteísta. p 72

6)  Freud, S.: Esquema del psicoanálisis. p 185

Bibliografía

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Freud, S. (1990) Prólogo y notas de la traducción de J. M. Charcot. Tomo 1. OC. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Freud, S. (1990) Más allá del principio del placer. Tomo18. OC. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Freud, S. (1990) De la historia de una neurosis infantil (el “Hombre de los lobos”) Tomo17. OC. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Freud, S. (1990) ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? Tomo 20. OC. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Freud, S. (1990) Moisés y la religión monoteísta. Tomo 23. OC. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

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Lacan, J. El Seminario 27. Inédito.

(*) Psicoanalista. Lic. en Psicología (UBA) Magister en Psicoanálisis (UBA) Profesora Universitaria y de enseñanza media (UBA). Docente regular de la Cátedra I de Clínica de Adultos y de la Cátedra: Práctica Profesional: Un acercamiento a la experiencia (UBA). Profesora Adjunta de Psicopatología (UCES). Docente de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica. (UBA). Investigadora UBACyT. Autora del libro: “Detrás del espejo. Perturbaciones y usos del cuerpo en el autismo infantil”. Letra Viva ( 2011); Co- autora de Posiciones perversas en la infancia”, Letra Viva (2012) y de múltiples publicaciones científicas y capítulos de libros. Directora del proyecto “Tipos clínicos de la homosexualidad femenina: histeria, perversión y femineidad” (UCES) Supervisora Clínica. Doctorando en Psicología (UBA) Especialista en Psicología clínica (Programa de residencias del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs. As.) Ex Jefe de residentes psicólogos del Hospital Álvarez. Ex terapeuta de hacer Lugar. Miembro de Enlace Clínico.

“Tiempos del trauma”

Por Héctor Zablocki (*)

Desgrabación corregida por el autor de su participación en la jornada “Las escrituras del trauma”, 1 de Junio de 2016. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de Salud Mental Nº1 “Dr. Hugo Rosarios”. CABA.

Buenos días, les agradezco la invitación.

Me viene bien lo que decía mi antecesor en la mesa [Marcelo Barros]. A partir de lo que planteo como título de trabajo: “Tiempos del trauma” me interesa, frente a estos movimientos que describía muy bien Barros como “traumas del siglo”, tratar de delimitar el concepto de trauma en psicoanálisis. Porque hay una extensión del concepto de trauma. En cualquier momento podemos ver televisión y encontrar una cantidad de personas a las que se nombra como traumatizadas por diversas circunstancias. La lista es larga: violencia política, delitos sexuales, catástrofes naturales. Pero, lo que define lo traumático en psicoanálisis, es que se da en dos tiempos. Si tenemos en cuenta lo que Freud dice en “El Proyecto de una psicología para neurólogos”, lo que sucede con Emma y el pastelero, transcurre en dos escenas. No hay una única escena traumática que determine una causalidad lineal, sino que son al menos dos y la segunda viene a recordarnos que vivimos en la realidad que de vez en cuando la realidad se desgarra por lo real.

Hace unos años estaba en Villa Gesell, tuvo mucha trascendencia el episodio, cayó un rayo en la playa y produjo la muerte de algunos chicos. La primera reacción es la reacción de cualquiera frente al trauma: quedarse congelado en el instante del trauma, en el instante donde la realidad se trastoca. Por eso, no tengo nada que decir sobre la clínica de la emergencia que lo primero que hace es tratar de poner en palabras el suceso traumático. Hablar del trauma. Es lo que todos hacemos frente a cualquier situación que, sacude nuestra realidad. Un pequeño accidente de automóvil lo contamos. Y lo contamos mientras estamos fijados, decía Freud, detenidos en el instante del trauma. Lo contamos de la misma manera, en un tiempo presente, detenidos en el instante donde la realidad se quebró.

Por eso decía que si la emergencia hace algo con eso es propiciatorio. Pero entiendo –y ahí es donde nos diferenciamos– que el psicoanálisis tiene otra cosa para decir: no alcanza con hablar, aunque sea imprescindible ¿Por qué? Porque el trauma no se deriva de la violencia con que una situación aparece, sino de cómo esa irrupción afecta a un sujeto de manera singular. Es decir, podemos acordar sobre lo disruptivo de determinadas situaciones como las que enumeraba recién: cataclismos, guerras, violencia sexual. Pero también, como Freud dice, frente a estos acontecimientos hay una respuesta del sujeto, por eso, no todos quienes atravesaron la guerra son afectados por una neurosis traumática. Entonces, hay dos escenas, entre una y la otra la significancia de un sujeto. No significado, significancia. El significado se desliza a lo general del diccionario y la significancia apunta a la vigencia de lo singular en cada una de todas las víctimas del trauma. Ahí es donde el psicoanálisis tiene algo que decir, porque en ese espacio es donde emerge la posibilidad de otro tiempo, de otro tiempo que es el del fantasma. Es decir, frente a la irrupción se prolonga algún tiempo el instante siempre presente o actual del trauma. Volviendo al ejemplo de la caída del rayo, al cabo de unos días quienes habían estado cerca empezaron a agregarle otros condimentos, a imaginarizarlo a partir de sus fantasmas. Cuando no es algo demasiado violento, sucede cuando presenciamos algún accidente menor, se tiene presente el momento y luego se empieza a diluir con los “A Dios gracias”, “Afortunadamente pasé por otro lado”, “No me tocaba a mí” o cosas por el estilo que son intentos de restablecer la realidad para cada uno.

Ahora bien, esta reconstitución de la realidad ¿alcanza para el tratamiento del trauma? Por el contrario, allí se inaugura otro tiempo que es el tiempo de cualquier análisis que comienza con el fantasma, esto es lo que el sujeto nos trae de su realidad. Es decir, contrariamente a lo que sugiere el sentido común o las distintas prácticas que hablan del trauma, el psicoanálisis llega al trauma siempre a través del fantasma. Ahora bien, llegar al trauma a través del fantasma supone que la escena que retorna en el análisis implica un tiempo anterior y es la respuesta del sujeto que fue inicialmente traumatizado por lalengua, como decía Luján [Iuale].

Entonces, cuando alguien es aspirado por este vacío del tiempo es justamente porque este vacío no es un agujero. Lo traumático que nos llega a través de lalengua es la incompletud del Otro, llega como exceso por la demanda o por el deseo del Otro, siempre traumático. Entonces, desde esta perspectiva y pensando en el título de la Jornada, ¿qué es lo que se escribe? Todo no, siempre va a quedar un resto irreductible de lo real. Lo real, es lo que no cesa de no escribirse, pero también, es aquello que demanda incesantemente la escritura. Ahora bien, ¿qué escribimos? Lacan es claro: no hay una traducción de una sustancia a la otra. Es decir, lo que es simbólico es simbólico, lo que es imaginario es imaginario, lo que es real es real. No se pasa de una a la otra, se puede incidir, anudar, pero no hacemos un cambio de sustancia. En ese sentido, lo que se puede escribir es la letra que se desprende de esa temporalidad reversible, imaginaria o sucesional, simbólica, que nos trae el relato del fantasma y que contornea lo real que no se puede escribir. Es decir, lo que mejor se puede –a mi modo de ver, por supuesto– hacer con el trauma es llegar a leer la letra que convierte un vacío en un agujero. Es decir, que aquello que en determinado momento captura al sujeto se constituya como agujero, que permita una caída que implique algo propiciatorio para el sujeto. Lo que no quiere decir que se haya reducido el instante del que empezamos hablando ni que desaparezca. Comentaba Marcelo [Barros], lo que Freud plantea en el Moisés y la religión monoteísta sobre dos posibilidades de salida para el trauma: una salida positiva y otra negativa. ¿Cuál es la salida positiva? Que se actualice el trauma. La salida negativa es que se olvide, porque cuando se olvida retorna como fobia o inhibición.

Para concluir, les quiero leer algo que muestra una dimensión social del trauma por la que pasó toda América Latina en la década del 70’, me refiero al terrorismo de estado. Este texto que tengo acá se llama Memorias del calabozo y reproduce una conversación entre Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, dos militantes tupamaros; Mauricio Rosencof luego fue director de cultura en Montevideo y Fernández Huidobro Ministro de Defensa. Pero en los 70’ eran militantes tupamaros, los encarcelan, los torturan, los sacan de la cárcel y los mantienen en un régimen de aislamiento como rehenes de la Dictadura Militar Uruguaya, mientras los trasladan de un lugar de detención a otro. Es interesante todo el texto, yo sólo les voy a leer unos renglones, no abunda en el horror, mantiene la sobriedad y hasta tiene algunas pinceladas de humor. Mauricio Rosencof, además de haber sido funcionario, es poeta. Fernández Huidobro también ha escrito, no ficción pero escribe. La cuestión es que reproduce una conversación. Imagínense el marco en el que estaban detenidos, en un aislamiento tan completo que los lleva a desarrollar un sistema de comunicación a través de golpes en las paredes de la celda. Es muy conmovedor todo. Pero lo que yo quiero compartir con ustedes es una escena que recorta Mauricio Rosencof.

Estaban aislados, cada tanto les autorizaban visitas y como recurso para irradiar el terror, les sacaban la capucha frente a los familiares. Rosencof cuenta lo siguiente:

Hay una visita que yo no la olvido. Alejandra (la hija) era chiquita, venía con la intención de darme una sorpresa. Yo sabía que ella tenía un problema en la vista que estaba en manos de un oculista. Y ese día la sorpresa que traía era presentarse ante su padre, coquetonamente con los lentes puestos. Traía las manitos para atrás ocultando el estuche con sus lentes. Y al verme, en las condiciones que me vio, de alguna manera su corazoncito no quiso agregar a lo que yo estaba viviendo su propio drama. Se le llenaron los ojos de lágrimas y en vez de darme la sorpresa y hacerme cerrar los ojos y cuando los abriera reaparecer con los lentes colocados, cuando vio que empezó a lagrimear, me mostró los lentes y dijo: “Ay, papá, qué horrible, estos lentes me hacen llorar”. Esta visita, esta pequeña historia la voy a llevar conmigo mientras viva.

¿Por qué les quería contar esto? Porque esto que no se olvida, esto sobre lo que ha sido necesario hablar, esto sobre lo que ha sido necesario escribir, a nosotros nos llega fuera del instante, en otro tiempo, como una elaboración del fantasma. De ese resto real, esto es algo que también dice Freud del trauma: siempre son restos de lo visto y oído, no sabemos más que su relato. Lo que Rosencof encuentra en esa mirada es lo que nadie quiere ver, es lo que su hija no quiere ver: el desamparo del padre, la humillación del padre. Lo que el propio Rosencof ubica como traumático en medio del horror de su paso por los centros de detención de la dictadura militar durante más de once años. Afortunadamente para él sobrevivió, no lo pudo olvidar –como dice- y lo escribió. Afortunadamente para nosotros.

Gracias.

(*) Psicoanalista. Analista miembro de escuela. Director de “Triempo” institución psicoanalítica.

“La compañerita de mamá”

Por Patricia N. Manfredi (*)

El caso clínico que presentaré, podría situarse por sus características, como un caso de neurosis grave. Y en ese sentido me formulo la siguiente pregunta: ¿Cuáles serían las diferencias con la neurosis clásica? Esta pregunta nos remite a Freud, debido a la diferencia que establece entre neurosis de transferencia y neurosis narcisista. Para las neurosis clásicas (histeria de conversión, histeria de angustia, y la neurosis obsesiva) Freud creó el dispositivo analítico y las denominó neurosis de transferencia. Como señala Heinrich, la posibilidad de transferencia, debería producirse para que el sujeto “pueda hacer su neurosis de transferencia en relación a un Otro que ofrezca su escucha”. Para Lacan esta posibilidad de transferencia estaría dada respecto a que el objeto a pueda ser situado en el campo del Otro.

En el seminario X, Lacan refiere que la angustia es un indicador de lo Real. Cuando el velo simbólico imaginario falla algo aparece, el objeto a, que debería permanecer oculto. Es importante tener en cuenta que el objeto a se constituye como resto a partir de la operación de constitución del Sujeto en el campo del Otro. De esta división surgirá el Sujeto y el Otro atravesados por la barra, quedando un resto, el objeto a. La barra indica que hay un Otro y un Sujeto divididos por la castración. Esto daría lugar a que el Sujeto se pregunte por el deseo del Otro, y el fantasma sería la respuesta a la pregunta por el “qué me quiere”, pudiendo quedar identificado al objeto para intentar completarlo. La angustia que presente el sujeto irá “mostrando” el lugar de fijación en el que quedó situado.

En los casos de neurosis graves, la posibilidad de interrogar al Otro es más difícil; como así también el poder separarse, por no haber ocupado un lugar valioso en el Otro. El modo de presentación clínica de estos pacientes, en general es con una angustia masiva, o no la hay. También se les dificulta, a estos pacientes, el instalar una transferencia en el dispositivo analítico. Por lo cual en estos casos las intervenciones del analista en principio, en lo imaginario, tenderán a provocar un cambio en la posición subjetiva, ubicándose el mismo en la posición de un Otro que no goza.

Viñeta clínica:

Lidia tiene 44 años, su motivo de consulta se refiere al tipo de límites que les da a sus hijos, un varón de 10 y una nena de 6 años. Muy angustiada comenta que estos límites implican violencia verbal y física, sobre todo hacia el varoncito; lo cual se vería reflejado en problemas de conducta en la escuela. Piensa que hace todo mal, pero que no sabe cómo controlarse cuando su hijo no le hace caso, dice” se me va la mano”, “no sé qué hacer”. Primero comenzaban las discusiones y ella le gritaba, a partir de los 5 años de su hijo siguieron los tirones de orejas y los golpes; tras lo cual le pedía disculpas al mismo.

Vive con su pareja, sus hijos y su padre.

Cuenta que desde los 5 años tuvo cistitis y dolores de cabeza. Que sus padres eran violentos y que tanto a ella como a su hermana les pegaban cinturonazos, y las golpeaban con palos de escoba, esta situación duró hasta sus 13 años. Desde muy chica, Lidia, acompañaba a su madre, quien sufría de depresión, “mi madre me decía que era su compañerita”; “pobre mi mamá, la comprendo porque yo también tengo mucha depresión, me cuesta levantarme, hacer las cosas”. Estos episodios son relatados sin angustia.

Sentía que su padre no la quería, que la menoscababa, como ocurrió a sus 14 años, cuando por una baja nota en matemáticas, se enojó mucho y delante de la familia la humilló; tras lo cual, Lidia, se encerró en su cuarto y tomó pastillas, “quería desaparecer, quería paz”. Al día siguiente fue internada por tres días por intoxicación. Quien se encargó de ir a buscarla fue su hermana mayor. Luego hizo terapia psicológica hasta los 16 años.

En otra entrevista, muy angustiada refiere que sus padres le “largaron la mano” y ella quedó “caída”. Sentía que no podía ser querida por nadie y que hacía cosas para que la quisieran, que aceptaba todo lo que le decía su madre, y que era muy obediente.

Lidia refiere que tuvo problemas de sobrepeso desde chica; a los 13 años la llevaron a hacer tratamiento para la obesidad en la Clínica Cormillot,”adelgacé ocho kilos”, luego dejó el tratamiento porque sus padres no podían seguir pagando y comenzó a tomar pastillas para adelgazar, así ocurrió hasta sus 17 años.

Refiere sentirse “deprimida y desganada”,” me veo gorda, tengo atracones con la comida, no lo disfruto, pero no puedo parar”. Dice que es un “logro” hacer la terapia y que le cuesta mantener la continuidad.

La dirección de la cura consistió en un principio en alojar el sujeto, promoviendo la posibilidad de que se instale la transferencia; y a la vez que algo de lo no constituido en tiempos de estructuración subjetiva, se constituya. También a confrontarla, por ejemplo, con el hecho de que su depresión, tendría que ver con seguir sosteniendo a la madre. Intervenciones que apuntan a que pueda posicionarse como sujeto deseante, lo cual implicaría para Lidia dejar de ser la “compañerita de su mamá”. Respuesta fantasmática que sosteniendo su deseo, la saque de este encierro en el campo del Otro. Podríamos agregar lo que Silvia Amigo señala: “Es claro que el objeto es imposible. Lo es. Pero el sujeto precisa tener en su haber una escritura de lo imposible del objeto que causa su deseo.” De no tenerlo se produce lo que Lacan muy bellamente llama “tragedia del deseo” que acaece cuando el sujeto no cuenta con la disposición de escritura que le permita alguna advertencia sobre lo que desea. La tragedia del deseo es la abolición de la mera posibilidad de plantearse un deseo.

En una de las entrevistas relata con gran angustia los castigos recibidos por parte de sus padres, “eran muy violentos”. Las intervenciones realizadas se orientaron también, para que la paciente pudiera formularse alguna pregunta respecto al padecer por el que llega a la consulta, que tenía que ver con la violencia dirigida a sus hijos. Muy afligida reflexiona sobre su propia violencia y cuenta que está pudiendo contenerse, que a veces lo logra. También refiere que está llevando a su hijo a una psicóloga de niños, y agrega: “me hace bien hablar con vos, gracias”

En la atribución fundante del narcisismo tiene que haber por parte del Otro una inhibición del rebajamiento instrumental”, señala Silvia Amigo y continúa algunos párrafos después ”…Se trata de una inhibición fundante que hace que el gran Otro no diga a su niño frases injuriantes como modo de nombrar el narcisismo”

Podríamos considerar entonces, que aquellas situaciones traumáticas generaron angustias, que por su intensidad, operaron como injuria narcisista en el yo; y es en el proceso analítico, donde Lidia, podrá enfrentar y elaborar esas primeras heridas narcisistas.

Bibliografía

  1. AMIGO, S (1912) Clínica de los fracasos del fantasma, Buenos Aires, Letra viva, 2012
  2. HEINRICH, H (1912 Cuando la neurosis no es de transferencia, Buenos Aires, Letra viva, 2012
  3. LACAN, J (1968) Seminario: libro x. La angustia. Buenos Aires, Paidós, 2006

(*) Psicoanalista. Equipo Adultos – Turno Mañana. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / patricianoramanfredi@yahoo.com.ar

“La invención de la historización”

Por Santiago Avogadro (*)

Trabajo publicado originalmente en Psicoanálisis y el hospital N°48: Invención y creación, Ediciones del Seminario, en Noviembre 2015.

“A este respecto, no es inútil preguntarse qué es la historia.

¿Los animales tienen una historia?

¿Es la historia una dimensión propiamente humana?”

Jacques Lacan (1952), El hombre de los lobos. Notas del Seminario.

En septiembre de 1897 Freud (1986) le escribía las siguientes palabras a Fliess: “en lo inconsciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto” (p. 301-302). Las investigaciones freudianas tomaban un giro epistemológico y el psicoanálisis empezaba a crear su historia.

¿Pero a qué historia nos referimos en la clínica psicoanalítica? Cuando en el marco de un tratamiento ligeramente hablamos de “historizar” cierto capítulo de la historia, escrita como decía Lacan (1953/2008) “en los monumentos: y esto es mi cuerpo, (…) en los documentos de archivos también: y son los recuerdos de mi infancia, (…) en la tradición también, y aun en las leyendas que bajo una forma heroificada vehiculan mi historia…” (p. 252-253), ¿nos remitimos solamente a ubicar coordenadas biográficas?

Leamos Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (ocasión histórica donde el psicoanálisis comenzaba a re-inventarse): “Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es, ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser” (Lacan, 1953/2008, p. 288). El determinismo histórico lineal queda puesto en jaque, invitando al sujeto a reescribir aquellas marcas que sin que lo advierta producen efectos en la actualidad de su sufrimiento, comandando el goce y extraviándolo del campo del deseo. Historización que en decir de Lacan (1952-53/1981) “se trata menos de recordar que de reescribir” (p.29), ya que lo que cuenta es lo que se reconstruye, en el decir mismo, de aquellos acontecimientos formadores. El eje a-temporal pasa por la incertidumbre del futuro anterior, donde aquello que habrá sido va siendo otra cosa. Un significante en sí mismo no significa nada, sino que tomará significación con aquello que el discurso lo haga significar. Como dice Lacan (1964/1987) en el Seminario 11: “Se trata siempre del sujeto en tanto que indeterminado” (p.34), sujeto que no permanece alienado a su historia sino con capacidad de opción, dando lugar al objeto a en su función de causa.

Es a partir de este preliminar desarrollo que propongo interrogar, junto con aquello que desde del texto freudiano “Duelo y Melancolía” se nombró como ´trabajo del duelo´ (proceso lento de desasimiento de la libido del objeto perdido cuya existencia continúa en lo psíquico, desinhibiendo así al yo) trabajado luego por Lacan a partir del Seminario 6 como ´función del duelo´ (simbolizando el objeto como perdido a partir del cambio de relación con el mismo), un primer tiempo de un caso clínico donde dichas cuestiones ocupan un capítulo del tratamiento. La apuesta a que lo disruptivo de la pérdida (agujero en lo Real) acontecida traumáticamente, que no cesa de no inscribirse, devenga duelo, vía historización. Entendiendo, en palabras de Muñoz (2013) que “historizar es entonces producir una simbolización allí donde algo faltó” (p. 77).

Me dijeron que haga terapia porque sino me voy a morir”

Clara consulta al hospital luego de haber sufrido un “ataque de pánico” mientras volvía de visitar a su hija mayor en el interior del país junto a su marido. Dice que se empezó a sentir mal, a no poder respirar y a sentir que se moría. A su vez, tiene dificultades para dormir hace ya varios años. En relación con esto cuenta que cuando su hija le manifestó hace 6 años su mudanza con su pareja a cientos de kilómetros de Buenos Aires, momento en que tuvo la sensación de no poder respirar, para ella “se le habían muerto”. A su vez, si a uno de sus hijos al que nombra como “la luz de su vida” le sucede algo, afirma que ella se muere con él, quejándose al mismo tiempo de la novia que “se lo sacó” cuando decidieron irse a vivir juntos. Momento donde ella ubica que empezó su malestar asociado a un sentimiento de abandono. ¿Qué pasa que para Clara aquellos que se van se mueren? ¿Qué pierde ella ahí?

Frente al interrogante por dichas separaciones puntualizará que es la muerte de su padre, quien se ahorcó en una de las habitaciones de su casa cuando ella tenía siete años, la que no puede olvidar; a lo cual se le agrega la muerte de su madre mientras dormía, un año después. Un tiempo más adelante relatará que ella dormía junto a su madre, compartían la cama, habiendo dormido junto a ella la noche previa a su muerte. Su madre no se levantaba de la cama por depresión, y era ella con sus hermanas quienes la cuidaban y se hacían cargo de sus hermanos menores. “Es como si hubiese sido ayer” manifiesta en torno a la muerte de sus padres. “Mi cabeza sigue ahí”, dice en otras oportunidades: tiempo coagulado que pone de relieve la no inscripción simbólica de aquellas pérdidas, presente continuo que se hace necesario historizar.

Cualquier invitación de mi parte a hablar de su infancia venía siempre asociado – y sin otro relato – a una posición de su parte a marcar aquello que ella no tuvo: “yo no sé lo que es tener amor de madre, una fiesta de cumpleaños, un lápiz para ir a la escuela, situaciones que mis hijos no sufrieron”. Clara cuenta al pasar y como algo natural que se la pasa haciendo todo para los demás sin preocuparse por ella. Además de ocuparse de las cosas de la casa, se levanta a la madrugada para sacar turnos en los hospitales para su marido, su cuñada, sus sobrinos y para ella que sufre de diabetes e hipertensión. Se la pasa viajando tanto en colectivo que a veces se sube y se olvida adónde va. El resto del tiempo lo pasa en su casa, donde o se dedica al trabajo de ama de casa o se la pasa tirada en la cama sin ganas de nada (lo que le genera peleas diarias con su marido). Su único interés es poder seguir viviendo hasta que su nieta cumpla 15. Visitando a su hija en el interior es en el único lugar donde está tranquila, ya que se ocupan de ella y vuelve a ser una “reina”; Escena materna que retorna y se sostiene sin poder separarse de la misma, tanto en el lugar de madre como en el lugar de hija, imposibilitando una versión de ella alejada de estos lugares. Avanzado el tratamiento, narrará que habiendo quedado embarazada a sus 15 años tomó la decisión de casarse como manera de irse del cuidado de sus hermanas, ocupando entonces su marido un lugar de padre para ella. Había sido luego del fallecimiento de su madre que Clara dejó la escuela para dedicarse a trabajar bajo la mirada de su hermana mayor.

Recortado el significante amor de madre, el mismo permitió que empezara un relato en torno a sus hijos, sus nietos. Y es a partir de los enojos dirigidos a su hijo menor y el temor a que el mismo no disfrute sus años de joven, que un interrogante se empieza a construir en relación a la juventud y al disfrute. Su mayor temor en relación a su hijo era que deje embarazada a su novia. El señalamiento por mi parte de dicho temor en relación a su historia generó que la angustia aparezca por primera vez en la consulta. Una narración comienza en torno a ciertas amistades, salidas, bailes, desencuentros y celos amorosos. Venir al hospital comienza a ser su día de libertad dirá.

No sin angustia, la historia de su familia (las sucesivas elecciones de sus doce hermanos) y ciertos recuerdos infantiles se empiezan a armar. A los escasos cuentos en torno a los juegos infantiles mi propuesta era inventarles un nombre, introducir una nueva regla. Luego de dibujar los espacios de su casa las referencias y recuerdos de los mismos fueron apareciendo. Las historias de su madre empezaron a manifestarse en torno a la cocina, los recuerdos de su padre fueron surgiendo en relación a su alcoholismo, a su profesión como policía ordenando siempre como tenían que ser las cosas. “¿Será que nunca lo perdoné?”, se pregunta ahora.

Con el surgimiento de un futuro viaje al interior, el pánico se anuda a la siguiente pregunta: “¿Será que ahora de vieja puedo disfrutar?” Pregunta que queda abierta, iniciando un nuevo tiempo en la cura.

Historia y Sujeto

De regreso a la Carta 69 dirigida por Freud a Fliess, punto que marcó un clivaje teórico en la etiología de la neurosis y la teoría del trauma (generando un punto de controversia que prestó a diferentes lecturas), la fantasía pasó a tener estatuto de causa. La implicancia subjetiva en su dimensión fantasmática tomó un rol protagónico en el análisis. Como afirma Lacan (1952-53/1981) en el Seminario 1: “No creo traicionar el pensamiento de Freud – basta saber leerlo pues está escrito con todas las letras- diciendo que solo la perspectiva de la historia y el reconocimiento permite definir lo que cuenta para el sujeto” (p.61).

Está claro que los conceptos de trauma y duelo no pueden ser homologados. El trauma no implica siempre la pérdida de un objeto, mientras que en el duelo no siempre el fantasma del sujeto se ve arrasado por aquella pérdida que da lugar al mismo. Pero sí en ambos casos se trata de un encuentro con lo real que demanda, en su especificidad, una simbolización donde el sujeto en transferencia es propiciado a una producción inventiva de historización subjetiva. Ya que como dice Lacan (1952) en su seminario sobre el Hombre de los Lobos: “La historia es una verdad que tiene como propiedad que el sujeto que la asume depende de ella en su constitución misma de sujeto, y esta historia depende también del sujeto mismo, pues él la piensa y la repiensa a su manera” (versión inédita, clase n°1).

Bibliografía

  • Freud, S. (1897). Fragmentos de la correspondencia con Fliess (Carta 69). En Obras Completas, Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu, 1986.

  • Lacan, J. (1952). El Hombre de los Lobos. Notas del seminario. Inédito.

  • Lacan, J. (1953-1954). Seminario 1: Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós, 1981.

  • Lacan, J. (1964). Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1987.

  • Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (2° Ed.). En Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2008.

  • Muñoz, P. (2013). Histructura y esctructoria. En Psicoanálisis y el hospital N°43: Historización y duelo. Buenos Aires: Del Seminario.

(*) Psicoanalista. Equipo Niños – Turno Tarde. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / santiagoavogadro@hotmail.com

 

“Te doy mis ojos”

Por Susana Marinetti (*)

Tomé como referencia una película española de violencia de género que se llama “Te doy mis ojos”. Trataré de hacer un corto recorrido por la identificación para luego entrar un poco más en la función fálica y finalmente responder de alguna manera que amor, hay ahí, en tanto-dolor. Traeré la película para hacer un intento de ejemplificación con lo dicho para trabajar un dicho que versa en: Un hombre podría ser un estrago para una mujer.

Para poder entrar en tema será necesario primero definir “Estrago” del latín stragare (asolar, desbastar) grafica el arrasamiento subjetivo en cuestión. La clínica revela como adquieren figurabilidad el “Tragarse” o “llevarse puesto” al otro. Este término viene asociado a la dupla madre-hija pero en este dicho da un giro a la dupla varón-mujer.

En primera instancia precisaré algunas nociones sobre el complejo proceso de identificación, sin la cual habría lenguaje pero no simbólico, palabras pero no significantes, eso que representa el sujeto para otro significante, teniendo como perdido al objeto a.

Dice Silvia Amigo en su libro ”La autorización de sexo”: “Identificarse con otro implica, de ese Otro, tomar un significante, forcluir su sentido e incorporarlo como letra y dejar decantar lo que no resulta, del Otro identificable, a saber el objeto a. Luego identificación implica una adquisición subjetiva, escritural y no una copia banal. Lo que resta que no ha sido identificado, su resto-residuo, “a”, lo extranjero que hará que el Otro sea siempre otro, ni domesticable, ni colonizable, ni absorbible por entero pero también y a la vez, temible y deseable.” La pregunta sería ¿Cuándo deseable y cuando temible?.

Es necesario detenerse brevemente en la sexuación así, dirá Lacan que del lado del hombre se identificará al padre, al padre de la primera identificación, al padre de la horda en tanto que padre muerto. Esta identificación, incorpora algo y algo cae ya que en esta lógica nunca es total. Ingresar al mundo de la ley, algo se va a inscribir en la lógica fálica acotada, algo del padre se pierde y eso que se pierde inaugura lo traumático, el aparato no puede asimilar el todo, el TODO no es simbolizable, lo que cae de esa identificación como resto es el “a”. Ahora en esta identificación a la lógica fálica la ilusión del TODO queda en la fórmula del lado hombre, del para TODO de su hombría. Mujer queda del lado del NO TODO, deja la falta en juego el No-TODO-MUJER.

El falo es el significante mayor que tracciona tras de si la cadena de los significantes si se logra la primera identificación, previa a toda relación de objeto, es esta identificación la que hace aparecer al objeto, de esta forma queda circunscripto al goce fálico, enmarcado en la búsqueda de lo que como producto a la inscripción de la función fálica (el objeto a), resto no absorbible del padre, ese resto que no es representado aparece del otro lado, lado femenino, como objeto a. Luego ellos desean a las mujeres a la vez que ellas le recuerdan el fracaso de la identificación.

Poder con ese límite al universal de la identificación, implica que se podrá disfrutar de esa apertura al no todo de la identificación al padre, que permite algún lugar para que el objeto de toda grandiosidad, de toda potencia, tome su lugar de causar el deseo.

Pero, por otra parte estará quien no pueda con eso, luego se aferre a querer alcanzar las alturas de la grandiosidad, quién pretenda esa copia certificada del Dios padre, vivirá al objeto como objeto mancha, que le recuerde la imperfección de su grandiosidad, así, estaríamos en presencia de aquellos que vivirán lo femenino como amenazante y estarían las condiciones dadas para devenir misógino, enemigo de lo femenino. Si el superyo dice GOZA, dirá de alguna manera ¡sé el padre!, ¡se campeón!, ¡sé el mejor! ¡no te rebajes a portar el agujero del deseo! (Silvia Amigo).

Para un hombre que no puede hacer de su mujer su objeto a, causa de deseo y goce, instalado de ese lado se hará núcleo de un súper yo cruel, demandante, resentido, reprochador, culpabilizante, la mujer colocada en esta temible posición devendría la “superyomitad” (al decir de Silvia Amigo) del hombre que impedido de amarla, no puede sino vivirla como, durmiendo con el enemigo. (Este sería el caso de Pilar)

Te doy mis ojos

El corazón se acelera, parece que se te nubla la cabeza, parece que se

Te llena la nuca y el cuello de hormigas, te secas por dentro, se para

El Aire, el ruido, separa todo y no ves.” (Antonio).

Antonio y Pilar son los protagonistas y llevan varios años casados quienes vivieron esos años bajo el yugo de la violencia de género. Pilar había sido varias veces hospitalizada, cuando comienza la película ella está tomando sus cosas para ir de su hermana junto con su hijo. Esta primera separación, luego va a ser trascendental en la vida de Pilar.

La hermana la recibe y le consigue un trabajo en una iglesia donde se pone al tanto de las pinturas que se encuentran ahí, lo cual empieza a cambiarle la vida. Pilar ama los frescos con los que se encuentra en ese lugar. Para ese entonces cumple años su hijo y la madre de Pilar invita a Antonio. Cuando el nene apaga las velas Antonio se acerca a ella por atrás y la huele profundamente, ella percibe ese acercamiento y se queda quieta como sintiendo placer por ello.

En una charla entre hermanas Pilar le cuenta como Antonio le pide casamiento y entre las cosas que dice es que “se hacían regalos como por ejemplo, ella le regala su nariz, sus orejas –todo esto lo cuenta con entusiasmo hasta que recuerda que él le regala sus manos.

Mientras acontecen estos hechos Antonio va a grupos de hombres violentos, el profesional les pide que digan que les pasa en el cuerpo cunado aparece la ira, Antonio refiere que no tiene palabras, no sabe que decir. Dice: Las palabras no me salen.

El Profesional le pregunta: “¿Qué echas de menos de Pilar?” no sabe que contestar, ante la insistencia del profesional él dice: “El ruido que hace” le pregunta por eso y responde “Pilar se mueve rápido en la casa y hace poco ruido y se pone ligerita y eso es suyo ese ruidito”

Se producen varios encuentros entre ellos antes de volver a estar juntos, en el 1ero de esos encuentro Antonio le dice que él habla con su psicólogo donde él entiende que debe controlar su ira, que lo esta haciendo y que eso le pasa porque dice: “Me ha sido dado todo, no he elegido, quiero decir que no tengo deseos.”

Antonio no puede registrar deseo, no tiene deseos, dice “Me ha sido dado todo…” ¿significaría esto, que en este todo fálico, no pudo conectarse con su falta? ¿Se relaciona acaso con una falta de la que no dispone? No puede decir que algo falta, su fantasía de completud estará suturada con la presencia de su esposa que siendo la falta misma, por ser mujer en un NO toda del lado femenino, funciona velando la falta de Antonio. Pilar, como su nombre lo indica es su pilar, su sostén, es su objeto, luego taponamiento, ausencia de su falta, el “Me ha sido dado todo.” Se corresponde con el “…no tengo deseo”, esta falta de deseos hacen también a su falta de angustia traducida en una ira arrasadora, estragante.

En el segundo encuentro tienen sexo, y en el mientras tanto Antonio le pide regalos, Pilar le pregunta que quieres, contesta TODO quiero TODO y se da un juego de palabras y regalos:

-Que quieres que te regale? –dice Pilar

-Quiero tus orejas… -responde Antonio.

-Te regalo mis orejas..

Esto se repite varias veces con el resto del cuerpo de Pilar hasta que le pide los ojos y ella responde “Te doy mis ojos”.

Pilar queda ciega de muchas formas, deja de ser ella misma. Tiende a aparecer como literalidad la ceguera y la entrega de partes de su cuerpo. Antonio queda circunscripto al goce fálico, enmarcado en la búsqueda de lo que como producto de la inscripción de la función fálica, va a ir a buscar el producto del complejo de castración, ese objeto a, en un trozo de cuerpo de mujer. Por eso Lacan va a decir: “El acto de amor es en el hombre la perversión polimorfa del macho, creyendo abordar a la mujer solo aborda al objeto a, causa de su deseo”

Siguiendo con sus vidas, se casa su hermana y en el casamiento viene Antonio invitado por Pilar lo que ocasiona una discusión entre hermanas y terminan separadas.

Ya en el ámbito nuevamente del matrimonio Pilar le hace saber que ella tomará un curso para preparase como guía de turs para cuadros (cosa que a Antonia no le agrada)

Un fin de semana ayuda Antonio, a levantar paredes a la casa de su hermano, quienes terminan burlándose de las cosas que propone el personaje en cuestión. Ya de vuelta a su casa empieza a hablar de su hermano diciendo que cualquiera levanta su casa, con un préstamo otorgado por el padre sin intereses y para ello, lo ayudan a levantar paredes, mientras que él dice: “me deslomo trabajando en el negocio familiar”. Mientras hace este relato se va alterando, le pregunta a ella que piensa y no sabe que decirle, intenta algunas respuestas pero no están a la altura de lo que espera Antonio, lo cual lo altera mas, termina saliendo del coche dándoles patadas interminables al mismo como muestra de suma ira.

Es de destacar la angustia que atraviesa Pilar. Queda a merced de la sensación del deseo del Otro, lo que estaría implicando que con el gran Otro no es posible establecer ningún tipo de nexo subjetivo ni de reconocimiento. Queda arrasada, estragada.

Las discusiones y malos entendidos prosperan junto con las amenazas, ahora Antonio no le pega pero siempre esta ahí, al límite. El profesional le pide que escriba en el cuaderno las cosas que le van pasando en su relación con Pilar, termina diciendo que ella puede conocer a otro e irse por que él no es NADA y que quiere una relación “normal”.

Pilar se encuentra con la madre en el cementerio ya que conmemoraban algún acontecimiento del padre. La madre le dice que se arrepiente de no haber ido a ver a su hermano cuando estaba muriendo, agrega: “No era que tu padre no me dejara ir, pero puso tantos impedimentos que al final yo no fui…Pilar le pregunta “Eso es lo único que no te perdonas?, que te pasa, te gustaba tu vida de mártir, siempre al lado de un tío que te amargaba la vida?, o es que te gustaba ser la mas buena, la mas comprensiva y que todo el mundo se compadeciera de lo mucho que lo aguantabas.

-Lo aguantaba por vosotras –manifiesta la madre

-Eso es mentira –dice Pilar- aguantaste por ti.

– Yo no supe hacerlo mejor hija. Inténtalo tu.

Antonio va a la iglesia para ver como trabaja ella. Pilar se encuentra en su esplendor, está hermosa, da clases muy buenas y cada vez va más gente a escucharla. Vuelve a hablar con el profesional diciendo que en ella hay algo diferente, por que esta más linda, se arregla, más guapa y agrega que hay algo diferente.

Vuelve a hacer referencia a la NADA que se siente. Resalto el “nada”, ya que Antonio va del TODO a la NADA. Pide de Pilar TODO pero él se sienta NADA, parado ahí con imposibilidad de movimiento, no entiende que pasa con Pilar, no entiende que hay ahí, ella pone en juego un deseo y lo siente como amenazador.

Esa noche Pilar le dice que tuvo una oferta de trabajo para guiar exposiciones en un banco de Madrid, piensa ir y venir en el día, agrega que lo invita a dejar Toledo e ir a vivir a Madrid dándole diferentes opciones, de las cuales no acepta ninguna. Toma su abrigo y se va, durmiendo esa noche en el sillón.

A la mañana siguiente Pilar se estaba vistiendo para ir a su entrevista de trabajo, Antonio se acerca a ella y empieza a hablarle con una vos y un tono conocido, exigiendo “mírame cuando te hablo”, denigrándola “haber muéstrame ahora la historia de ese puto dios que no se que…”, “ahora en este mismo momento…” mientras sonaba el timbre una y otra vez – su compañera de trabajo la venía a buscar para ir juntas a sus entrevistas. Le grita que lo haga, toma el libro con las fotos de los cuadros de la iglesia y mientras sigue con sus dichos lo va rompiendo, lo tira mientras va hacia ella, le va rompiendo la ropa hasta dejarla desnuda. Continúa diciendo que le gusta que la miren, a continuación la empuja hacia el balcón y cierra la puerta mientras dice “Si te gusta que vean pues que te vean…”. Pilar aplasta la cabeza contra el vidrio llorando y casi rogando por entrar, Antonio abre la puerta, la toma del cuello mientras sigue hablando. Pilar se orina.

Lo real surge como lo que esta fuera del lenguaje y es inasimilable a la simbolización, e imposible de obtenerla de algún modo, es lo imposible de imaginar. Lo real es el objeto de la angustia; no tiene ninguna mediación posible y es por lo tanto y dicho por Lacan (S 2) “…el objeto esencial que ya no es un objeto, sino ese algo enfrentado con lo cual todas las palabras cesan y todas las categorías fracasan, el objeto de la angustia por excelencia”. Pilar se orina, sabe que Antonio, la puede matar.

Va a hacer la denuncia pero no puede. Se va. Vuelve a la casa y no habla. Antonio se va poniendo cada vez más nervioso. Pilar dice no te quiero y no te voy a querer nunca mas.

-Qué vas a hacer? Vas a dejarme? –toma las tijeras mientras se cortas las venas de las muñecas diciendo “…yo no vivo sin vos.”

Aparece la escena en el hospital Pilar nuevamente junto a su hermana a quién le dice: “tu me escuchaste pero yo no podía hablar” su hermana responde “…pero ahora puedes”:

-Tengo que verme. No se quién soy pero tengo fe en mí. Hace demasiado tiempo que no me veo. No te lo puedo explicar…-

Conclusión.

Lacan sostiene en inhibición, síntoma y angustia que el neurótico en relación con el partener se manifiesta según la prevalencia de lo imaginario, lo simbólico y lo real, esta prevalencia se da en el encuentro amoroso pero en el encuentro amoroso, se manifiestan otro tipo de clínica y para ello tomo la hipótesis de Estela Maris Rivadero en su libro “Fracasos de amor” donde manifiesta que el amor en sus tiempos originarios no ha sido transmitido desde el Otro, dice “…el muro de la castración no se inscribe en su faz liberadora”.

Que la falta sea el punto de inicio, no significa ello que sea transmitida universalmente, lo central, es la forma que ella –la falta- es transmitida, es decir como cada quien transmite la demanda, -que como es de saber es siempre demanda amor- se articula en el discurso y se pone de manifiesto en sus deficiencias.

Tomando como referencia un dicho de Lacan que versa “solo el amor permite al goce condescender al deseo” pero si su transmisión con el Otro fue fecunda, motivo por el cual Stella Maris Rivadero atraviesa su libro diciendo que esto depende de la escritura de lo que no puede decirse. ¿Qué escribe la escritura? Dice: “El estilo de cada cual advertido de sus marcas que el objeto imprime”

Siguiendo con este pensamiento, donde el amor debería transmitir una demanda y que esta demanda es justamente demanda de amor, debería así, este amor hacer que el goce condescienda al deseo pero, justamente en este caso entre Pilar y Antonio no es lo que pasa, Pilar si, condesciende pero no del goce al deseo, sino que ella condesciende en lo que él, se apasiona.

Según el diccionario de la Real Academia Española condescender significa: Acomodarse por complacencia a la voluntad del otro. Goce, es imperativo superyoico, obliga a gozar hasta llegar a extremos como la muerte misma. Así Pilar condesciende significativamente a la voluntad de Antonio; Antonio intentar tapar, taponar su falta sin revestimiento fálico. Ella es su “objeto” quiere su cuerpo TODO, en partes y la suma de TODAS ellas, renegando de su propia falta, la toma, le impide la entrevista de trabajo, la somete, la rebaja para que se quede, por que el hecho de la separación lo deja des-habitado, o sea, sin ninguna posibilidad de mediación simbólica, motivo por el cual, Antonio, ante la ausencia de su “pareja”, es ausencia total, no lo resiste, reniega. En esta literalidad de ser uno con el otro, se instalan sus estragos traducidos en ira irrefrenable tomando el carácter de pasajes al acto, como lo acontecido en el corte de venas, en las charlas de Pilar en el museo, como así también cuando quiso acceder a una entrevista de trabajo.

Por otra parte teniendo en cuenta que el complejo de Edipo representa la regulación del deseo por la ley, es la ley del principio de placer que le ordena al sujeto “Goza lo menos posible”. Si hay prohibición es porque el deseo es de transgresión, o sea, se trata de que hay un deseo pre-existente y la ley lo regula. Pero en el caso de Antonio y Pilar NO hay prohibición, se transgrede la ley por que se pasa directamente al cuerpo sin mediación simbólica, luego “es” una relación incestuosa ya que hay violación del cuerpo de Pilar.

En estos personajes en los cuales no hay entrega de dones, ni uso de lo metafórico, hay un deseo irrefrenable de Antonio respecto de la inmediatez, haciendo del cuerpo de Pilar un soporte a lo que pretende llamar “Amor” pero según Lacan “El goce del Otro…no es signo de amor”.

BIBLIOGRAFIA.

– Lacan, J. (2006). Seminario 10: La Angustia, Ed.
– Lacan, J. (1987). Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Bs. As.
– Lacan, J. (2009). Aún. El Seminario. Libro 20.

–  Seminario “La autorización de sexo” de Silvia Amigo.

(*) Psicoanalista. Ex integrante del Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA.

 

 

“Ella baila sola”

Por María Florencia González (*)

“El trauma y su inscripción en el sujeto, cuando es relatado en análisis, se articula en el discurso bajo diversas modalidades que van desde el mito del origen, la investigación sexual infantil, el tránsito por el complejo de Edipo, a la relación con los semejantes, en fin, tejiendo el sintagma “novela familiar”, versiones del sujeto que lo anudan a una filiación como así también a una pertenencia.

Le cabe al analista tomar nota de esa diferencia, cuyo valor es inmenso para el advenimiento de lo inédito, que no es sin las marcas del Otro que las inscribe” (1).

Es frecuente asociar ciertos acontecimientos con tinte doloroso u ominoso a lo traumático. Incluso cuando en la clínica escuchamos algo de este orden es difícil no confundir, al menos por un instante, el estatuto del trauma. Me interesa interrogar dicho estatuto en relación a un caso clínico.

Lucia es una paciente que atiendo en este Centro hace varios meses. Cuando su mamá solicita la admisión comenta estar preocupada porque su hija de 12 años (casi 13) “empezó a mentir, inventa historias. Miente en el colegio, dice que ella es como la cenicienta en su casa, esconde su ropa sucia”. Relata que hace poco también encontró conversaciones “subidas de tono” con un chico con el que hablaba por Facebook a través de un grupo, donde utilizando distintos animés hacían de cuenta que eran otros, se encontró con que su hija se hacía pasar por una mujer mucho mayor, con hijos, etc. Este hecho la horroriza, motivo por el cual le prohíbe usar la computadora, le cierra su cuenta de Facebook, le bloquea el mail y le quita el celular.

A su vez, no sabe qué hacer con ese cuerpo que crece y que comienza a ser exuberante según su modo de ver. “Está muy desarrollada y usa ropa provocativa”. Pareciera haber un exceso en el mirar de esta mamá, ubicando allí un cuerpo sumamente provocador que revela una pregunta ¿Qué provoca? ¿qué despierta?

Se la interroga por esto y ella asocia relatando una escena: “Cuando Anabel (hermana de Lucia) tenía 4 años su tío le metió la mano por debajo de la bombacha y Lucia se quedó mirando. Llegué a casa y me encontré con eso”. Describe aquel episodio como algo “traumático no para Lucia, sino para su hermana”. Sin embargo, hace un tiempo y a partir de observar tantos cambios en Lucia, comenzó a dudar ¿habrá sido traumático también para Lucia?

Silvia (mamá de Lucia) se conmueve en uno de los primeros encuentros, llora y dice sentirse muy exigente con su hija pero que a la vez su familia y su marido le dicen que es muy blanda. Le pregunto, qué piensa ella: “No sé, al final estoy entre una cosa y la otra pero no sé qué pensar de mi”. Su madre se encuentra dividida entre la rígida y la blanda, tiempo donde la transferencia de su hija hacia ella ha caído y quizá sin saberlo busca la transferencia en un analista.

El encuentro con Lucia me hace verla un tanto distinta a los dichos de su madre, si bien es grandota no suele venir con ropa provocativa, por el contrario suele vestirse con ropa holgada, entra con su cabeza gacha, no me mira, se muestra como una púber inhibida.

Primer tiempo:

Se sienta frente a mí y llora. Le ofrezco un pañuelito, lo toma y pide perdón. Llora cada una de las veces que entra a sesión durante el primer tiempo. Le pregunto si quiere hablar de lo que le está pasando, su respuesta es “no sé”. Reiterados no sé recorren las primeras sesiones con Lucia.

Con el tiempo y luego de varias preguntas de mí parte, comienza a contar que le gusta dibujar. Hace dibujos que son caricaturas de animé de distintas personas a los que llama “chibi”. Interrogo ¿qué es un chibi? “Es esto”. Realiza un dibujo donde los ojos de los personajes tienen la particularidad de ser grandes, muy grandes en relación a los cuerpos, sumamente delgados. En cierta ocasión también me dibuja a mí, mirando hacia otro lado.

Indagando sobre el chibi me encontré con que es un sustantivo del idioma japonés que describe a un niño, también es un peyorativo cuando se refiere a un menor. En dicha cultura, un chibi es un niño o una versión infantil de un personaje de animé, que en la serie original es mayor (adulto). Una versión chibi de un personaje usualmente es presentado con fines cómicos. Son personajes que en las versiones televisivas hablan con voz infantil, tienen ojos más grandes y una personalidad más traviesa.

Comenzó así un tiempo donde el dibujo fue abriendo una nueva dimensión simbólica: comenzó a hablar de sus gustos, la música, el colegio, sus preocupaciones en relación a no tener muchos amigos y cuenta que solo es amiga de dos chicas que son unos años menores que ella.

Las primeras preguntas que me hacía en relación a la dirección de la cura eran por el lado de aquella escena que traía su mamá ¿Algo del ojo que vio aquella escena se escribe en sus dibujos? Su mirar aquella escena, ¿tiene el estatuto de lo traumático? ¿Es esto traumático para Lucía?

En los comienzos de las investigaciones de Freud, el trauma estaba ligado a la etiología de las neuropsicosis de defensa como un episodio fáctico, ocurrido en la realidad efectiva, un atentado de tipo sexual, acontecido en la infancia. El evento traumático era inferido mediante el trabajo analítico por los efectos que producía, es decir, retroactivamente. El trauma entonces obedecía a vivencias precoces de carácter sexual que habían sido olvidadas. Esta teoría del trauma es interrogada posteriormente por Freud en tanto descubre que la causa del padecimiento no se hallaba en estos acontecimientos.

Luego de su carta 69 a Fliess donde dirá “ya no creo más a mi neurótica” (2) donde descubre que hay una verdad que ya no tiene que ver con la realidad efectiva, con el paso de los años evidencia que será universal el carácter inexorablemente traumático de la sexualidad. Volverá sobre lo traumático y dirá ahora que es un exceso de excitación que irrumpe en el aparato anímico produciendo una desregulación en su economía.

Segundo tiempo:

Durante cierto tiempo comienza a amenguar ese llanto para pasar a los dibujos de chibis y relatos.

Tiempo donde comienzo a pensar que la escena traumática de la que habla la mamá de Lucia no es la misma que atraviesa a Lucia en su padecer. Si bien el relato de la escena que trae Silvia es del orden de lo horroroso, pudo haberse inscripto así para Silvia e incluso para su otra hija, ¿quién sabe? Pero no para Lucia. En relación a los dichos de Silvia, pareciera que lo real del cuerpo de su hija que irrumpe ahora en la pubertad, con el desarrollo del cuerpo, con la sexualidad y la salida exogámica, reanimaría aquella primera escena vista por Silvia. Con la potencia de lo que despierta en ella este cuerpo creciente se delinea la angustia de una mamá que no puede más que prohibir los usos de la salida exogámica que intentaba Lucia (prohíbe Facebook, internet, celular).

¿Y qué hay del padecimiento que trae Lucia sesión tras sesión? ¿qué hay de su inhibición, su síntoma, su angustia?

En cierta ocasión, entra llorando nuevamente al consultorio. Esta vez entre sollozos va relatando qué la puso así: “Estaba por tomar el colectivo y me caí en la calle, todos me miraban, me puse muy mal”. Nuevamente, el recorte de la mirada resuena. Comento que todas las personas pueden caerse. Le pregunto si alguna vez le pasó algo así y responde con su clásico “no sé”. Le propongo que trate de pensarlo.

Retomando a Freud, la vertiente real de lo traumático estará ligada a la compulsión a la repetición que confronta al sujeto con el desvalimiento que atraviesa y estructura toda existencia humana. Constituirá aquello a lo que el sujeto deberá responder.

Sesión siguiente dice: “Pensé en lo que me dijiste. Me acuerdo algo que me pasó a los 5 años que fue parecido. Estaba en un acto del colegio y tenía que bailar con un chico en el escenario. Ese chico no pudo bailar y me quede bailando sola en el escenario”. Le pregunto ¿qué hizo? Y responde: “Tuve que bailar igual, hice un rato de mujer y otro rato de hombre. Al final salió bien”.

Esta asociación puede pensarse como algo que revela el orden de lo traumático del despertar sexual en la pubertad. La escena que trae y que resignifica a partir de la vergüenza que sintió al caerse y ser mirada, es asociada por ella con otra escena que también le provoca vergüenza, bailar sola con la indefinición sexual, ¿soy hombre o mujer? Quizá lo traumático para Lucia está más del lado del despertar sexual en la pubertad, de ese significante que no está escrito.

En el Seminario 11 Lacan desarrolla el trauma como encuentro fallido con lo real equiparándolo a la tyche de Aristóteles. Así, desde la perspectiva del trauma, el inconsciente favorecería su manifestación en el sueño y participaría de la función de la fantasía en tanto velo y barrera a lo real. El real propio del trauma vendrá a agujerear a ese sistema inconciente mostrándonos una dimensión más allá del principio del placer, quedando identificado ahora con la función del despertar: “El despertar, ¿cómo no ver que tiene un doble sentido? ¿Qué el despertar que nos vuelve a situar en una realidad constituida y representada cumple un servicio doble? Lo real hay que buscarlo más allá del sueño –en lo que el sueño ha recubierto, envuelto, escondido, tras la falta de representación, de la cual solo hay en él lo que hace sus veces, un lugarteniente. Ese real, más que cualquier otro, gobierna nuestras actividades” (3).

En la vía de este despertar identificado al real propio del trauma podemos pensar ¿por qué no? el despertar sexual en la segunda vuelta de la pubertad, más allá de la escena vista que es traída por su mamá.

Más adelante Lacan dirá que el verdadero núcleo traumático es la relación a lo que él llamó lalengua, en tanto ésta deja marcas que se padecen en el cuerpo. Lalengua será como un depósito de significantes donde habrá un saber imposible de abordar. Lalengua afecta el goce del viviente, del ser que habla, “nos afecta primero por todos los efectos que encierra y que son afectos” (4). En “La Conferencia en Ginebra sobre el síntoma” Lacan le da relevancia a la primera infancia, donde se recibe el discurso, lo define más bien como impregnación del lenguaje: “El inconsciente es la manera que ha tenido el sujeto de ser impregnado por el lenguaje, de llevar su impronta” (5). Para cada cual, lalengua proviene del medio sonoro del discurso, que envuelve al sujeto con sus sonidos, con sus ritmos y sus silencios. Lacan deja entrever así cierto desplazamiento: del acento puesto en el discurso del Otro, articulado como un lenguaje, al acento puesto a lalengua oída del Otro. Pasaje de lo simbólico a lo real.

Escrituras:

Lucia va escribiendo poco a poco algo de este real que emerge en el despertar sexual, en su cuerpo, a partir de chibis de ojos grandes, de relatos, de escenas vistas, oídas, camino a la constitución de su fantasma. En análisis va tejiendo su historia y va encontrando sus respuestas, las que la implican subjetivamente como una vía posible de elaboración de lo traumático del despertar sexual. ¿Soy hombre o mujer? ¿Qué soy? Para su mamá, ella es la hija exuberante que viste provocativa y miente, inventa historias, tiene conversaciones a escondidas “subidas de tono”, etc.

Ella se dibuja en un chibi con aspecto bien masculino, se dibuja en un chibi una versión infantil de un personaje adulto. Le pregunto: ¿Y este quién es? Ella se ríe y me dice “Yo”. También sonrío. Se queda pensando, me mira y pregunta “parezco un varón más que una nena, ¿no?”. Respondo con un silencio y dice: “Le voy a poner aritos”. Dibuja sus aritos, los que no lleva puestos, pero que ahora son representados en su dibujo. Firma al pie de la hoja y termino la sesión. Niño, niña, adulto, hombre, mujer, devenires de una posición sexuada que con el tiempo ¿conquistará?

Bibliografía:

  • Freud, S. Carta 69. En Obras Completas, tomo I. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008.

  • Freud, S. La herencia y la etiología en la Neurosis. La etiología de la histeria. En Obras Completas, tomo III. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008.

  • Freud, S. Más allá del principio del placer. En Obras Completas, tomo XVIII. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008.

  • Lacan, J. El seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011.

  • Lacan, J. El seminario 20: Aún. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011.

  • Wainsztein, S. La respuesta del sujeto a las marcas de infancia. En Revista Imago Agenda N° 177. Buenos Aires, 2013.

1 Wainsztein, S. La respuesta del sujeto a las marcas de infancia. En Revista Imago Agenda N° 177. Pag 3.

2 Freud, S. Carta 69 en Obras Completas, Tomo I. Amorrortu Editores, Buenos Aires: 2008. Pag 301.

3 Lacan, J. El seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011. Pag 68.

4 Lacan, J. El seminario 20: Aún. Editorial Paidos, Buenos Aires: 2011. Pag 167.

5 Lacan, J. La conferencia en Ginebra sobre el síntoma en Intervenciones y textos. Pag 124.

(*) Psicoanalista. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / gonzalez_florencia@hotmail.com

“Una solución en la adolescencia”

Por Natalia Antelo (*)

A partir de la presentación de un caso de un adolescente intentaremos abordar el modo en que, desde el discurso analítico, se intenta alojar de un modo inédito un padecimiento en relación a la imagen del cuerpo. De un modo inédito, frente a la propuesta de otros discursos: hacer que eso funcione, quizás la propuesta del psicoanálisis consista, al saber de entrada que eso, por estructura, no anda, en cómo hacer ahí, cada vez, un invento.

En la adolescencia asistimos a la irrupción de un real, el real de la sexualidad, del no hay relación sexual, universal, que atraviesa a todos, pero del cual cada quien sale de modo singular, con sus trucos, y de lo cual, finalmente, nadie sale bien parado. El psicoanálisis aporta un modo inédito de tratar esta irrupción pulsional, que muchas veces puede implicar una oportunidad: hacerle lugar al sujeto.

N, un joven de 15 años, llega a la consulta luego de haber transitado por distintos especialistas. Frente al fracaso en tratar el sufrimiento por medio del saber medico, se decide la consulta con un analista.

Según los padres, el joven manifiesta estar disconforme con su cuerpo. A la madre le preocupa que su hijo diga que se ve gordo, a veces a la noche no come. Refiere haber hecho una consulta con una nutricionista y que, según ésta, el joven posee un peso y talla acorde a su edad. Recuerda que cuando N tenía 4 años ya, “era hiperactivo, era muy flaquito, no comía”. El padre dice estar angustiado y sorprendido por la percepción que N. tiene actualmente de su cuerpo, refiere que según su punto de vista, el hijo “tiene un cuerpazo”.

N. por su parte, refiere estar angustiado, con bronca. Comenta que es derivado por el psicólogo de la escuela luego de dos episodios en que golpea a dos compañeros de escuela, aunque no dice más al respecto.

Jugar- jugarse

En las siguientes entrevistas N. se presenta hablando poco. Es así que en una ocasión, aprovechando unos juegos que había a la vista le propongo jugar, y accede. Propone traer cartas que tiene en su mochila y enseñarme un juego: EL JODETE. Irá ganando una y otra vez, sin poder yo adivinar su truco. En entrevistas posteriores el juego ira quedando de lado, comenzando el relato de la escena del golpe. Dirá que fue a causa de haber escuchado que un compañero le dice “gordo”, lo carga. Otra similar situación se repite un año más tarde con otro compañero, pero esta vez la magnitud del golpe fue tal que culmino con su compañero hospitalizado. Dirá que en esos momentos le sobreviene una “necesidad de descarga”, un “fuego en el cuerpo”, “ganas de golpear algo o a alguien”.

Decíamos que en la adolescencia se trata de vérselas con el agujero que implica la irrupción de la sexualidad, pero de que se trata esto? De qué modo se pone en juego en la clínica? Al fracasar lo que en la infancia había funcionado, de lo que se tratara es de inventar modos de responder, poder ubicar los trucos, singulares, cada vez, como cada quien se las arreglara con lo imposible,

Mirar-ser mirado

N. llega a una sesión diciendo: “no sé que me paso, tengo la mano hecha mierda, tenia bronca” Comenta que le pego a la pared en su casa, lo que no solo le ocasionó heridas en la mano sino que por el ruido que produjo también convoco la alarma y atención de sus padres. Muestra la mano e intervengo: No miro esas cosas, no me gusta. (con un gesto de cubrirme los ojos). Al final de esa sesión, al despedirnos en la puerta, vuelve a mostrar, esta vez una foto de su celular, del momento posterior al golpe, esta vez intervengo exclamando: ¡Que insistencia! Se ríe.

Como pensar la presentación de N,? Qué estatuto darle a la mirada? A partir de aquí N despliega lo que le ocurre en su casa en relación a lo que llama “sus bajones”, no le ocurren en otros lugares, son en su casa, cuando está solo, dice no poder dormir porque se queda pensando en su físico. Surge un nuevo significante: OBESO,

En lo sucesivo aparece el conflicto en relación a las mujeres. y refiere “cuesta verme con una mina por el tema del físico”, dice “vas a ver que el tema del físico lo voy a meter en todos lados”, “para mí no me dejo querer o algo así (…) no quiero que me den afecto y a la vez sí, con ella (refiere a R, su novia) me cuesta menos”… “cuando estoy con ella no pienso en el físico, es cuando estoy solo” y agrega “Quería preguntarte: no se cómo hacer para no pensar en eso? A veces de vuelta estoy sin comer. Pienso en eso antes de ir al colegio, cuando la voy a ver, como si ella no me aceptara, aunque es todo lo contrario lo que me muestra, yo me veo de una manera y ella me ve de otra… yo me siento obeso y ella me ve todo lo contrario”

Sabemos con Lacan que el significante porta goce, y que del goce y del objeto es señal la angustia, único afecto que no engaña. La angustia como respuesta del sujeto ante el encuentro con un real. El significante “gordo” porta angustia, como escucharlo? Que denuncia? De qué exceso se trata? Cuál es la solución o el tratamiento que N hace de esto? Pareciera que de lo que se trata es del tratamiento de un exceso, exceso de pensamiento a partir del no comer; exceso que el significante “gordo” nombra, dando cuenta del modo singular de anudamiento entre simbólico y goce. En el análisis se tratara de constituir el síntoma a partir de articular significante y goce, de modo de que el sujeto encuentre soluciones menos sufrientes. 

(*) Psicoanalista. Equipo Niños – Turno Tarde. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / antelonatalia@hotmail.com

“En busca de un padre”

Por Alarcón Ma. del Rosario (*)

“Inexplicable angustia,

hondo dolor del alma, recuerdo que no muere,

deseo que no acaba”

VIÑETA CLÍNICA:

Mabel de 37 años de edad, llega a consulta derivada por la obra social. Realiza 2 llamados para solicitar turno y no acepta ninguno de los ofrecidos en ambas oportunidades. Pasados unos días vuelve a comunicarse y solicita turno para ese mismo día aceptando el que se le ofrece.

Llega al consultorio, se la ve desalineada y cabizbaja. Relata que estuvo en pareja durante 18 años y que tiene una hija con esta pareja. Continua narrando que el la engaño con una compañera de trabajo y que fruto de esa relación el tiene otro hijo con esa mujer. Dice que el día que le confeso la infidelidad, le dijo que ya no la quería mas, y se fue de la casa.

A raíz de esto realizo un tratamiento anterior, comenzó a trabajar y salió adelante. Cuando se le pregunta porque consulta ahora dice sentirse muy angustiada, comenta que es muy celosa y que las escenas de celos que le hace a su actual pareja le están trayendo serios inconvenientes. Dice: “si no pido ayuda se rompe la pareja”, aclara que el, no le da motivos pero que se acuerda lo que le hizo su anterior pareja y desconfía de todo. “Le estoy haciendo algo a alguien que no se lo merece, me ciego, me salta el impulso”, continúa: “me hago yo sola la película de que esta con alguien, lo ataco sin que el me haga nada, le empiezo a decir de todo”. Cuenta que hace dos semanas tuvo una discusión muy fuerte porque llamaba a su actual pareja, y esta no la atendía porque se había quedado sin batería. Luego de la fuerte discusión, el le dijo que esta era la última vez. Mabel registra algo en este episodio y decide consultar.

En la segunda sesión dice: “el siempre piensa en la pareja y yo no” a continuación relata un ejemplo de cuando ella organiza sus planes, dejando a su pareja por fuera de estos. “Mi prima, que también es separada, me invita a la casa y yo voy con mi hija…”

La analista interrumpe el relato y le pregunta: ¿“también”?, ¿quien mas es separada?!”. Mabel se pone roja, se avergüenza, mira con desconcierto a la analista, abre grandes sus ojos y la analista corta la sesión.

A la sesión siguiente Mabel dirá “me revoto toda la semana el “también” en la cabeza”.

En la viñeta encontramos a quien consulta en un momento de quiebre, en un momento de límite, en un momento donde se reconoce extraña a sí misma, haciendo y diciendo algo que no sabe porque y a quién se lo dice. Mabel registra que en quien esta depositando sus celos no es el verdadero destinatario, pero sin embargo no puede dejar de hacerlo.

Ubicaremos cierto rasgo histérico y cierta posición de goce en su no poder dejar de hacer, decir, actuar…

En este encuentro, la palabra de la analista toca el cuerpo de la paciente.

Lo primero que vale la pena preguntarnos es si Mabel ¿está realmente angustiada o no? Lacan dirá que la angustia es un afecto que no engaña y Eric Laurent en el texto “Desangustiar”, expresa que : «Estamos angustiados cuando no sabemos lo que el Otro quiere de nosotros»

EN BUSCA DE UN PADRE

Mabel se angustia en la sesión cercana a su cumpleaños, relata que es adoptada, que su padre adoptivo murió hace unos años y eso la angustia mucho, relata que la mujer del padre adoptivo siempre la maltrató, su madre adoptiva muere cuando ella es muy chica- le cuenta entre lagrimas a la analista, que siempre sospecho que fuera hija de desaparecidos, dice que dejo su muestra de sangre en el banco de datos genéticos de las Madres de Plaza de Mayo, pero que nunca la han llamado.

Al regreso de unas vacaciones, relata que recibió el llamado de una tía de la ex pareja quién la anoticio de que el padre de su hija estaba esperando otro hijo. Rompe en llanto cuando lo relata, se angustia y dice que retrocedió, que todo lo que había avanzado siente que ahora fue para atrás. Dice que no puede creer que vaya a ser padre otra vez, que no se lo dijo aún a la hija que tienen en común; “como la otra vez, que no se lo dijo hasta el día en que nació”, sigue: “el no se ocupa de ella, se la llevó de vacaciones y se la paso trabajando, no la lleva al colegio, no la llama ni comparte tiempo con ella. Mabel se queja una y otra vez y demanda que cumpla su rol de padre.

Luego, en la misma sesión, comenta que su actual pareja y su hija se pelearon y que la llamaron al trabajo para que ella intervenga. Transcurridas unas horas hablo con su pareja y le pidió que no discuta con su hija dado que esta estudiando. El le responde que ya le pidió disculpas y que la ayudo a estudiar. Mabel cuenta que el se ocupa mucho de su hija, que la lleva y la trae de la psicopedagoga, que juega con ella, le prepara la mochila, le cocina, que es muy dulce con su hija. La analista dice contundentemente: “ahí hay un padre” y corta la sesión. A la sesión siguiente dirá que estuvo conversando con la maestra de su hija y que esta le dijo que siempre pensó que su pareja era el padre, que no sabía que era su pareja y que es impresionante lo que se ocupa de la hija. Llora y dice que hablo con los dos y les dijo que si se pelean que se arreglen entre ellos que no la involucren, la analista interrumpe y señala “habilitaste”, ella hace silencio y asiente.

Posteriormente sabremos si habilito un padre o qué es lo que habilito Mabel realmente, lo cierto es que la cuestión del padre marca un punto de ruptura, de incomodidad, de angustia; a su vez, pareciera que reconocer a un padre hace que la angustia ceda, merme. Cabe preguntarnos ¿qué lugar representa la búsqueda de un padre para la paciente, porque ella se angustia entorno a esta cuestión?

ARTICULACIÓN TEÓRICO-CLÍNICA

Ser padre es una función, no tiene que ver con la biología ni la genética, sino más bien con quién ocupa ese lugar, quién lleva adelante esa función. Pero la misma no puede ser llevada a cabo si no hay una madre que reconozca a ese en su función de padre, si no hay una madre que habilite al padre y lo viabiliza en su discurso.

Mabel le demanda al progenitor que sea padre con su hija y se angustia cuando se entera que este sera padre biológico de otros hijos, demanda y reclama un padre para su hija, sin darse cuenta que padre es una función y reclama algo a alguien que, (en palabras de la paciente) no quiere cumplir ese rol, esa función, ese lugar. Esto la fastidia, la desvela, la enoja, la irrita y la desborda; pero no la angustia. Ese lugar que ella no puede ocupar y que el progenitor no ocupa la deja frente a una falta.

Lacan nos dirá que la angustia emerge cuando falta la falta. Pero sabemos también, que la desilusión propicia otra posición.

Mabel desea un Padre, busca un padre, demanda un padre. Pero cada vez que el progenitor de su hija se transforma en padre biológico, ella se angustia. La angustia se produce cuando algo aparece en el lugar de la falta, en el lugar del correlato del objeto “a”, de ese resto que, como nos enseña Lacan en el esquema óptico, es necesario que falte para la constitución de la imagen. Ese resto faltante en la imagen real, que tendrá su correlato en la imagen virtual, hará que la imagen sea deseable. Si algo aparece en ese lugar provocando entonces que falte la falta, se producirá la angustia.

En nuestro caso clínico Mabel se queja de que su ex pareja no es padre de su hija, no hace nada para serlo, se posiciona en un lugar de queja gozosa frente a un padre que falta, frente a un padre que no toma su rol. Ahora bien, cada vez que este padre se convierte en padre biológico, ella se angustia, irrumpe en llanto y rememora aquel episodio en que el se transformo en padre de otro hijo que no es su hijo. Si suponemos una estructura histérica en la paciente, podríamos decir que ubicamos aquí el retorno de un recuerdo, es decir, la repetición de una vivencia traumatica inconsciente. ¿Tendrá ésta que ver con su propio padre, con su propia historia?; ¿Podría pensarse que la angustia de Mabel adviene cuando falta la falta, cuando ese padre que ella reclama se vuelve a convertir en padre. ¿Ése es el punto de angustia? Cuando aparece allí donde esta la falta, algo en su lugar, en este caso ¿otro hijo? Cuando algo hace que esa falta falte, se produce la angustia. ¿Cuando el vacío de padre se completa, surge la angustia en Mabel?

A MODO DE CONCLUSIÓN…

Mabel llega a tratamiento por un peligro, un temor. La pérdida de un amor. La pérdida de su pareja, ella sabe que si no modifica su accionar, esta en riesgo de perder un amor. Con el transcurso de las sesiones, y distintas intervenciones de la analista, Mabel comienza a escucharse; escucha que ella misma se reconoce bajo el significante “separada”, escucha su posición frente a su pareja y comienza a producirse ciertos movimientos. Desde un inicio, la paciente cancelo distintas sesiones por estar contracturada, tener mareos o problemas con sus cervicales. ¿El síntoma conversivo se hace presente?

Es mediante la angustia que se motoriza y propicia cierto cambio de posición, ciertos movimientos, la angustia a modo de brújula, guía el análisis. Allí donde el paciente se angustia, hay un punto de partida. Una oportunidad que si es tomada, escuchada y avalada por el paciente como nos enseña Miller, podrá producir una otra posición, una otra forma de hacer con eso que la aqueja y la angustia.

Para terminar, diré que es distinto que Mabel se queje de un padre que no cumple su rol, a que se posicione frente a su queja gozosa de otra forma y habilite en su discurso a un otro padre que cumple esa función y que puja por emerger.

Bibliografía consultada:

  • FREUD, S. (1925): “Inhibición, síntoma y angustia”; Ptos II, IV, V, VII, VIIIy IX.
  • FREUD, S. (1896) “Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”; cap. I y II. En Obras completas, Amorrortu Editores, Tomo X.
  • LACAN, J. (1962-63/2006): El Seminario Libro 10 “La angustia”; Clases I a XII. Editorial Paidós.
  • Laurent, E. Ciudades analíticas. Buenos Aires. Editorial Tres Haches. 2004. Pág. 9-10.
  • MILLER, J.A (1997) “Introducción al método psicoanalítico”. Cap 1. Paidós. (2003)

(*) Psicoanalista. Equipo Niños – Turno Tarde. Espacio de investigación en psicoanálisis. Centro de salud mental Nº1. CABA / lic.rosarioalarcon@gmail.com