REVISTA ENSAYOS Nº8

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Por Martín Trigo

Psicoanalista. Miembro de la EFBA. Psicólogo de planta, Director de la Revista Ensayos y del Espacio de Investigación CSMN°1 “Dr. Hugo Rosarios”.

Amor y cuerpo se enlazan a la hora de discernir uno y otro. Del cuerpo como tal, en la imagen que se constituye, provienen los rasgos que incitan los sentimientos trazados por el significante. Lo idealizado y las fuentes del goce se intersectan para bordear lo que falta.
La falta que produce en el deseo y se transita en el goce que agujerea hasta un más allá de la alienación.

Nos es conocido que en la vida amorosa se ingresa al lecho sexual por el lado del ideal, y en el vehículo que el goce ofrece, se sale por la vía de la pulsión parcial.

Acontecimiento del cuerpo, el amor engaña acerca de la falta y a la vez la tramita en el desencuentro. Da posibilidad a la diferencia, a que aquello que pulsa gobierne el devenir.
Produce síntoma, goza.

En el Seminario 24 de L´ínsu, Lacan nos dice que Dante nombraba a su poesía como amorosa. Y afirma: “El amor no es nada más que una significación”.
Y la significación es a su vez un término vacío, un término que presenta un hueco en el decir.

Pasaje que nos permite leer lo que el amor hace jugar en el lazo: un anudamiento, una experiencia que contiene el vacío. Con el vacío promueve una significación.
Así toca ese más allá del Otro. Otro que no se reduce al tesoro de los significantes sino ese que justamente en Encore (Aún) va al lugar de la otredad radical, a la otredad del otro sexo.
El Otro es el otro sexo. Así anuncia en la primera clase del seminario que el sexo no es signo de amor.
¿Podrá el amor prescindir de las identificaciones que comandadas por el objeto conforman esa textura de los ideales en que se engendra?
Si en el fin del análisis, suponemos la extinción-la caída del Otro, ¿cómo se vive el amor?
Si ese sentimiento tan preciado es nada más que una significación, podemos encontrarlo en una función de anudamiento de lo Real que agujerea lo simbólico, un hacer con lo imposible. Es desde allí que puede leerse al partenaire como el síntoma y, según el caso, como el Sinthome. Un cuerpo impactado por el eco del decir le da su textura. Escribe, hace poesía.

En el territorio del Otro, como significación de una falta, el amor recupera la metáfora poética de Lacan: es dar lo que no se tiene a quien no lo es.
El amor que del vacío hace una causa, escribe lo posible y pulsa el deseo.
“El amor no es nada más que una significación”, y agrego, ni nada menos, aún.

Febrero de 2016.

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